martes, 26 de diciembre de 2017

Freud e hipnosis

Hace unos pocos días alguien me pidió/consultó que hiciese un comentario sobre el método de la hipnosis y su relación con el psicoanálisis; una cuestión que se planteó a la luz de una crítica a la película argentina “La Cordillera”, dirigida por Santiago Mitre y protagonizada por Ricardo Darín, entre otros.
En función de dicha consulta comencé a pensar sobre cómo la cuestión de la hipnosis se presenta en el film y cómo se desarrolla la historia. La pregunta fue capciosa en el sentido en que englobaba también al método psicoanalítico freudiano.
Vayamos entonces, al punto en cuestión. Podemos decir, para comenzar éste análisis, que le método hipnótico se encuentra en la base de lo que comenzó siendo la invención y el posterior desarrollo del psicoanálisis creado por Freud; es decir que, durante mucho tiempo, se podría pensar en una posición un tanto optimista por parte del padre del psicoanálisis y de sus colegas que trataban a las histéricas que se presentaban con cuadros muy floridos en cuanto a su sintomatología y una puesta en escena (patrimonio de la histeria) que el sujeto sufriente padecía.
Digo optimista ya que el método hipnótico se pensaba y se aplicaba teniendo en cuenta la existencia del trauma y el sujeto que se trataba era entendido como instalado en una temporalidad lineal y un espacio definido.
Quiero decir: Si creemos, como en aquellas épocas, en la existencia del trauma, de lo que se trataba era de evocar el suceso o hecho traumático que había dejado una marca en el sujeto y que, producto de ello, dicho sujeto armaba un síntoma (como por ejemplo una dolencia física) que lo hacía sufrir.
Presentado así, una vez obnubilada la conciencia mediante la hipnosis, dejaba el camino libre para que el sujeto “recuerde” dicho momento en un tiempo y espacio y pueda así, al hablar-lo, librarse de él. Problema resuelto.
Pienso que, y siguiendo las investigaciones freudianas, se comienza a pensar en que dicho método tiene sus falencias, y digo falencias en el sentido en que Freud se empieza a preguntar sobre qué quiere decir la Realidad.
Empiezan a escucharse discursos (histéricos) en los cuales el síntoma viene allí a cumplir una función, función que a dicho sujeto le sirve para algo, y si pensamos en una cara utilitarista del síntoma tenemos que pensar en su usufructo, es decir un goce que se comienza a en-causar.
Entonces, se pregunta acerca de esta obviedad sobre la existencia del trauma, el hecho de que las escenas traumáticas hayan ocurrido realmente comienza a ponerse en duda para él. Aquí, entonces, comienzan sus problemas.
Cuando hablamos de realidad o de hechos traumáticos no hay que olvidar su tinte sexual, es decir que por aquella época existía una teoría sobre la sexualidad humana que comenzaba a discrepar mucho con lo que Freud se arrima a teorizar, sobre todo con respecto a las teorías sexuales infantiles ya que plantear dichas ideas generó su ruptura con la comunidad médica a la que pertenecía e incluso con la mayoría de sus colegas.
Entonces, la invención del psicoanálisis se presenta ya como algo que hace corte tanto con la neurología como con el método hipnótico/catártico. No hubo un trauma en el desarrollo de la sexualidad de un determinado sujeto sino que la sexualidad en sí misma es “traumática”, en el sentido de que se encuentra fallida, agrietada y causada (diremos con Lacan) por el significante, puesta en acto por un discurso que se articula y donde el sujeto se engancha y se aliena.
El trauma no existe y la realidad es psíquica, es decir, fantasmática. Es interesante como, en el film que al principio mencioné, la hija del protagonista tiene un episodio en el cual se realiza un pasaje al acto y se arroja por la ventana del hotel. Cuando se lo llama al hipnotizador para que la cure, se encuentra inserto en un sin-sentido ya que todos los recuerdos que relata son anteriores a su nacimiento, es decir que ella nunca pudo haber estado presenta en lo que decía que vivió.
Menudo problema se presenta entonces para el nuevo camino trazado por Freud. El método de la sugestión por parte del médico se abandona y se abre paso a las preguntas sobre cómo se ha ido construyendo dicha realidad en los discursos que se escuchan; es decir, si ya no situamos en la enseñanza de Lacan, que la realidad es discursiva y la palabra tiene función creadora.

El síntoma se crea, discursivamente, en el dispositivo analítico y con la figura del analista, punto importante a tener en cuenta ya que la transferencia es el motor del análisis, sin ella no puede producirse nada del orden de la pregunta histérica. Ya no se trata de eliminar síntomas al mejor estilo Charcot sino en poder escuchar cuál es la posición de dicho sujeto en ese discurso que lo causa, que lo ama y lo odia al mismo tiempo.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Vicisitudes del diagnóstico

Cuando pensamos en las cuestiones relativas al concepto de “diagnóstico” siempre se nos presenta en la clínica analítica como un problema a sortear; y digo “clínica analítica” para comenzar marcando una hiancia, un corte con lo que a la medicina nos convoca en algunos casos.
Digo, por otro lado, que se presenta como un problema porque el sujeto que se va posicionando en un discurso tiende a presentarse ante el otro de alguna forma. En términos lacanianos podemos decir que, vía fantasma, el analizante se presenta ante el Otro (en este caso el analista) como portando una mascarada, un semblante que lo causa pero que también lo acusa, en el sentido que lo aqueja.
Para ser claro desde el inicio, es importante mencionar que tanto los conceptos de enfermedad-diagnóstico-cura se han extrapolado de un ámbito medico a la psicología,  a lo largo del tiempo.
Si nos detenemos unos instantes a pensar por aquella “necesidad” de realizar ese pasaje, quizá podamos decir que la psicología a realizado un viraje para poder incluir en sus manuales diagnósticos a toda una larga serie de trastornos (que llama “mentales”) y así poder tratarlos. Para decirlo de otro modo; el método es realizar un trabajo diagnóstico (lo que el paciente “tiene”) y así poder abordarlo para arribar a una “cura”.
Ahora bien, podemos decir que, visto desde otra perspectiva, toda esa batería de test que se administran para arribar a un significante que lo defina al sujeto, le sirve más al psicólogo que al paciente. Es decir, para que el terapeuta se defienda. ¿Defensa contra qué? Siguiendo a Freud podemos decir que la defensa siempre es contra la angustia, contra ese vacío que se genera frente a la pregunta por el Qué soy o, en este caso, ¿Qué es ese?
Ya podríamos comenzar a plantear la cuestión que atañe al psicoanálisis, ya que nos compete un método que nada tiene que ver con lo que hemos mencionado hasta aquí; se produce un corte tajante en las cuestiones ligadas al diagnóstico ya que podríamos pensar que éste no existe.
Aquí voy a hacer una salvedad, cuando un sujeto se presenta en su análisis, habla, dice cosas, piensa, siente, hay algo que vacila en su fantasma y que por eso acude (aun que a veces no lo sepa) a un analista.
Digo esto porque, siguiendo la enseñanza de Lacan, todos los sujetos se encuentran en una posición que circula entre la separación y la alienación; pero la diferencia está, en que ésta separación-alienación se hace siempre a un significante; es decir que ya podemos pensar que, como decíamos al inicio, la clínica se presenta como un problema porque el sujeto viene con “problemas de lenguaje”, es decir, eso que hasta ese momento lo define, comienza a hacer ruido, síntoma podríamos decir también.
Aquel “Eso” del que dicho sujeto se sirve y genera una posición de goce (siempre mortífero) es también aquello que lo trae a un análisis, siempre vía angustia. Algo del orden se su deseo comienza a empujar de una forma que hasta ese entonces no sugería tanto inconveniente.
Los inconvenientes que se tienen, son inconvenientes del lenguaje, de un lenguaje que el sujeto no tiene, justamente, porque es el Lenguaje quien tiene a ese sujeto, sujetado, alienado, inserto en una cadena de significantes que producen un discurso y que deja discurrir, justamente, una posición de goce frente al Otro.
Entonces, el sujeto no tiene un trastorno x (asma por ejemplo), sino que el Asma lo tiene a él, y “asma” es un significante que lo causa, donde habrá que ver qué quiere decir eso para ese sujeto en ese dispositivo y con la figura del analista. Vemos como la cuestión de diagnosticar nos lleva a una imposibilidad lógica que no podemos sortear tan fácilmente.
De alguna forma, es un método que le conviene mucho al terapeuta para “saber” por dónde ir, donde justamente es todo lo contrario; decimos que ese saber siempre está en falta y que la posición del analista debe fijarse en la de la ignorancia.
Ese saber, que la psicología cree que tiene, no existe, hay un vacío de sentido con el que el analista deberá trabajar, o para decirlo de otra forma, con el que el paciente deberá lidiar y angustiarse, transferencia mediante, para poder arribar a una pregunta que lo cause.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Falopa-Familia-Infancia (o una mirada paranoica)

Son tres significantes que, encadenados, le otorgan un sentido a esa existencia sufriente que aparece justo allí donde se pierde en los surcos del lenguaje.
Para dar cuenta que la adicción no tiene nada que ver con el objeto tangible que se “consume” sino en el juego de significantes que ese sujeto representa, como una tentativa de respuesta a la pregunta sobre qué quiere el Otro, ya que ese Otro, como sabemos, está  fallando constantemente.
Un analizante se sienta en su silla y habla. Dice que “la mirada del otro (en este caso imaginario) le pesa”. Se revela entonces un ideal que dista, en principio, mucho de aquello de lo cual el sujeto obtiene su placer, placer que, por otro lado, lo hace sufrir.
Tenemos entonces una gran paradoja ya que la pregunta que surge es: ¿Cómo puede ser que aquello que hago y me gusta sea lo mismo que odio y rechazo?
Cuando se piensa en este tipo de preguntas, también se puede pensar que dicho sujeto obtiene un usufructo de dicha queja, es decir que existe un goce que al sujeto lo representa pero que a la vez lo mata simbólicamente (en el mejor de los casos).
¿Qué sucede entonces con la mirada que tanto le-pesa? Dice estar atrapado en una mirada que lo “persigue”, lo acosa pero que, angustia mediante, lo causa.
Podríamos decir que esta mirada persecutorio es uno de los rasgos paranoicos que a dicho sujeto “se le presenta” como fenómeno (en principio) de una realidad que, como ya hemos dicho, es fantasmatica, es decir, construida por dicho sujeto a través de un camino de búsqueda a esa respuesta que pretende de ese Otro que referimos.
La cuestión paranoica fue abordada por Freud y entendida como una defensa que sale al paso contra la homosexualidad que habita a dicho sujeto.
En este caso, siguiendo a Freud, podríamos pensar que esa defensa está ligada a una angustia que le generaría el encuentro con el significante “HOMO” (hombre). Y Lacan aportaría que en toda repetición lo que se juega es un encuentro con un Real (con un Real-sujeto que tengo frente a mi).
Este significante HOMO (que no significa nada por si solo) tiene una relación con el Hombre ya que la pregunta, en algún punto, oscila entre la infancia y la adultez o, como suele discurrir en su análisis, entre el “crecer o retroceder”.
Ahora bien, si abordamos las cuestiones ligadas a las psicosis podemos hacerlo de dos formas que se contraponen: Pensar que la realidad está determinada y que el sujeto viene a ser aquello que ocupa un lugar en dicha estructura.
O bien, que la realidad es, de alguna manera, “construida” por el significante; significante que representa a ese sujeto y que adquiere sentido solo para otro significante.
Entonces, caemos en la cuenta que la realidad (estructura lenguajera para nosotros) se piensa a partir de una falla ya que para hablar, algo hay que perder.
Esa falla-falta es diferente en cada una de las estructuras clínicas (neurosis-psicosis y perversión), aunque también podemos pensar que hay tantas estructuras como sujetos en el mundo.
En nuestro ejemplo hay un discurso signado por una fuerte defensa contra ese encuentro angustiante y cargado con un gran peso imaginario (digo imaginario en el sentido de que el objeto-a, esa falta de la que hablamos aparece como tapa-agujeros). Aparece como una forma constante de cubrir todo es e campo de la imagen (mirada) para que nada falle.
Dicha falla insiste en la fonética de la sigla “FA”, enfatizado y relacionado entre sí en el discurso.
Su ideal de “la Familia” (en términos de la completud que no tuvo) se anuda a los otros dos ya que aquello que le impide “alcanzarlo” es su propio rechazo.


M.S.

lunes, 4 de septiembre de 2017

De la 'Salud' Sexual


“La salud sexual es un estado de completo bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad, no es solamente la ausencia de enfermedad, disfunción o malestar. La salud sexual requiere un enfoque positivo y respetuoso hacia la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de coerción, discriminación y violencia. Para que la salud sexual se logre y se mantenga, los derechos sexual desde todas las personas deben ser respetados, protegidos y cumplidos.”

En función de la celebración de dicho día, me detuve a pensar en los términos que componen la frase del presente escrito para intentar realizar un abordaje (no siempre sencillo) desde una óptica tanto freudiana como lacaniana.
Ahora bien, teniendo en cuenta del contexto tanto político como jurídico que ello acarrea es importante aclarar que el análisis tiene que ver con aquello que nos compete desde la clínica psicoanalítica y no tanto que ver con una crítica a las instituciones sociales establecidas como tal.
Para comenzar, es relevante poder pensar el término “salud” a la luz de lo que, en principio, podemos tentarnos como lo opuesto a la enfermedad. Está claro, y lo digo desde el vamos, que para el psicoanálisis no existe tal cosa como la Salud o la enfermedad; y mucho menos si hablamos de salud tanto sexual como mental.
El maestro vienés nos enseña desde sus primeros escritos que el trauma sexual, es decir ese hecho acontecido en algún momento de la historia de un sujeto no es tal como se lo piensa; es decir, no existe.
Este abordaje implico un cambio rotundo en lo que hasta ese momento se entendía como Lo sexual, es decir, algo más relacionado con la medicina y con el signo que aquello que nos implica desde el significante.
Introduzco el concepto de significante ya que implica siempre una cuestión ligada a lo simbólico, es decir que por el hecho de estar atravesados por el lenguaje hay algo, indefectiblemente, que se pierde. Quiero decir que para hablar, algo hay que perder.
Esa libra de carne que se pierde, ese don, ese objeto que Lacan lo llama (a) es aquello que constituye al sujeto como tal. Un sujeto que se encuentra barrado, dividido entre lo que sabe y lo que dice, ese sujeto que reprime (primordialmente) aquello que entendemos por instinto.
El instinto se encuentra perdido en el hombre a causa del lenguaje, quiero decir que todo lo que entendemos por un saber exacto sobre el objeto (tangible) como sucede con los animales no existe. Esto descubre Freud e introduce su concepto de Pulsión (Trieb).
Mas allá de que podemos discutir la famosa dualidad pulsional (vida y muerte) sabemos que para la clínica la única que tiene entidad es la pulsión de muerte. Es aquella que nos lleva a consultar por un análisis; es decir que para el sujeto hay algo que no funciona, algo que hace ruido, algo que vacila y que se repite.
Podemos preguntarnos entonces, ¿Qué entendemos por salud sexual/mental?, Si dicho concepto tiene que ver con alcanzar cierto ideal de completud y satisfacción plena sabemos que eso no es posible.
Lacan, desde sus primeros seminarios nos machaca con la idea de que no existe esa completud de la que se habla, no hay una relación-sexual; y con esto quiere decir que no existe una formula exacta que haga de dos, uno.
No hay relación de complementariedad entre un sujeto y su partenaire ya que los goces que se ponen en juego en dicha no-relación tiene más que ver con una apuesta a un suplemento  que a complementarse (el famoso mito de Aristofanes dictado en el Banquete de Platón).
Entonces, decimos, que lo sexual ya no tiene nada que ver con la reproducción y que el trauma no existe porque la sexualidad es en todo “traumática”. Hay algo que falla, una hiancia va a decir Lacan que hace que el sujeto (su verdad) emerja ahí donde creyó haber tropezado.

También es erróneo pensar que la salud sexual es algo a lo que hay que alcanzar y sostener ya que el hecho de un ser sexuado, es decir un ser hablado y fallado, ya es un punto de llegada.

lunes, 24 de abril de 2017

PANIK

'Es como si el mundo se estrechara en un solo instante'. Escuche alguna vez por ahi, una sensacion que solo puede ser descripta con la palabra muerte, y digo sensacion ya que lo que llamamos cuerpo es el gran protagonista de este fenomeno que se presenta en la clinica constantemente.
Los llamados, actualmente, ataques de panico no tienen nada de actual. Podemos rastrear este fenomeno desde tiempos muy antiguos en la historia pero fue Freud quien les dio gran participacion en su escucha y logro conceptualizarlo.
En sus 'Escritos sobre la histeria' (1893/1895), a Freud le llama la atencion el cuadro de sintomas florido que presentan sus pacientes histericas, es decir que se presentan ante la figura del analista como siendo tomados por algo que no se puede controlar y que irrumpe de forma abrupta, dejando al sujeto en cuestion abierto a la posibilidad de la muerte.
Inmediatamente podemos pensar que esos ataques tienen que ver pura y exclusivamente con lo que llamamos angustia. Angustia que, por otrta parte, podemos diferenciarla del miedo en el sentido en que el miedo aparece siempre ligado a algun tipo de objeto tangible o por lo menos pronunciable en terminos de lenguaje.
En cambio, la angustia (en este sentido) se presenta como ligada a un vacio del cual el sujeto (en principio) no puede decir nada de ello. Solo puede percibir que algo se ha modificado en la realidad y que lo siente en el cuerpo. Es decir, angustia que se traslada a diferentes sintomas que pueden, incluso, verse.
Hasta aqui lo que se suele pensar de los ataques de panico en la cultura popular, y con la 'ayuda' de los psicofarmacos el cuadro sintomatico se aplaca y disminuye en unos minutos permitiendo a dicho sujeto seguir con su rutina habitual.
Ahora bien, si este sujeto decide consultar con un analista, puede dar cuenta que todo el conjunto de sintomas que se le presentan no tienen nada que ver con el concepto medico de enfermedad o signo de algo. A la escucha, se puede pensar que es el propio sujeto el que esta implicado en sus ataques y podriamos pensar por que un cuerpo deberia atacar en ese momento en particular y con esas caracteristicas particulares.
Existen los sintomas tipicos de estos ataques pero, desde el psicoanalisis, pensamos que el sintoma encierra una porcion de goce que lo responsabiliza directamente al sujeto en cuestion. El saber sobre ese goce esta inserto ahi mismo y dicho goce se sirve de esta cuestion para repetir incansablemente.
Muy distinto es el caso de la fobia donde, si bien la angustia se encuentra presente, el sujeto realiza un viraje y la deposita en un significante al cual trata de 'evadir'.
Introduzco el termino Significante ya que de lo que se trata es siempre de la cuestion simbolica que produce estos estragos de los que hablamos.
De palabras nos hemos enfermado y de palabras nos liberamos escuche decir. Es alienacion y separacion constante a un significante que nos representa (panico, fobia, asma, alergia) pero del cual nos queremos liberar. Vaya paradoja en la que el sujeto se encuentra.
Como diria Freud, al sintoma se lo odia y se lo ama al mismo tiempo. Cuesta trabajo pensar que un sujeto puede gozar durante mucho tiempo, incluso toda la vida, con algo que lo este matando, pero lo interesante es que el sujeto pueda nombrarlo, decirlo. Es a partir de ahi donde una modificacion se produce.
El significante, como dira Lacan, es lo que representa a un sujeto para otro significante. Es decir que no hay forma de captarlo si no es a traves de esta via, y es en esta misma via donde el sujeto se pierde y se encuentra una y otra vez.

lunes, 10 de abril de 2017

Realidad y Muerte

La muerte y la realidad quiza no sean palabras que esten separadas entre si, podemos pensar que se influyen mutuamente y seria interesante poder pensar el por que de dicha relacion.
Quiza en algun momento se me ocurrio pensar que la muerte era solo el limite de la vida; y que de alguna forma todo se reduce a ello. Es la unica certeza del hombre se escucha por algunos pasillos antiguos.
Sin embargo, tambien tenemos el concepto de la realidad; y de todo lo que, sin 'saber', llamamos Realidad. Podemos pensar que la realidad es una construccion y que existe mas de un tipo de realidad [material, biologica, cuantica]. Pero para decirlo todo, la unica realidad de la que podemos anoticiar algo es la del lenguaje; es decir, la que es creada y modificada constantemente por las palabras.
Dicho esto, podriamos poner como ejemplo la funcion del sintoma. De esa cosa que hace sufrir pero que a la vez cuesta tanto dejar de hacer, decir o sentir.
Podemos pensar que el sintoma viene a cumplir una posicion fundamental en la estructura ya que se sirve de un goce y lo repite hasta el cansancio. Ahi nos encontramos con la muerte, con esa repeticion, con ese encuentro [siempre fallido, como todo encuentro] con ese Real que nos habita.
Es un goce que genera un placer en el displacer mismo y, como diria Freud, al sintoma se lo ama y odia al mismo tiempo.
Esta cuestion de cambiar no es tarea sencilla para los sujetos, hay que tener cuidado si el analisis da resultado y no vaya a ser cosa que me encuentre con lo que tanto se decia que se quiere!
Esa angustia de la que hablo es, tambien, muerte. Caemos, inmediatamente, en la formula lacaniana de la castracion, aquella que dice algo asi como 'Perder para ganar'.
Hay que morir un poco para ganar eso que deseo y, en definitiva, es esa muerte que se debe incorporar para poder dar sentido a la vida.

lunes, 3 de abril de 2017

Es Natural Hablar?

Cuando pensamos lo natural, tendemos a imaginar que implica siempre todo aquello que damos por sentado y que nos atraviesa de una forma de la cual no podemos prescindir. Es decir que se internaliza esa imagen de un sujeto que esta condicionado o determinado por cuestiones tanto geneticas como biologicas en general.
Si nos atrevemos a pensar al sujeto yendo un poco mas alla, o quiza tambien mas aca, comienza a aparecer esa pregunta que genera un corte, una division, una hiancia con el resto de los seres que conforman la realidad. Realidad que, por otra parte, solo existe en terminos del hombre; es el mismo ser quien se apropia de lo que solemos llamar realidad subjetiva aun que, dicho sea de paso, toda realidad lo es.
Esa hiancia de la que hablaba hace un momento se refiere al lenguaje, al siemple o complejo hecho de poder hablar. Genera corte y da pie a una nueva dimension sobre la cual nos referimos.
Podriamos pensar que el hecho de hablar es para el ser humano 'natural'; y lo pongo entre comillas debido a que nuestra tesis es que el hecho de hablar no tiene nada de natural.
Voy por partes. Siguiendo el pensamiento lacaniano que nos interesa, deberiamos hacer una diferenciacion entre los conceptos de necesidad/Demanda/Deseo; podemos pensar que todo lo referido a la necesidad hace referencia al nucleo biologico [tener sed, por ejemplo]; pero ahora bien, si planteamos que no hay nada de natural en el hombre, como se articcula una necesidad y se logra expresar?.
Es, justamente en ese punto, donde el pasaje entre la necesidad y se expresion en palabras, falla. Algo sucede ahi que se produce un quebrantamiento y una perdida resultante.
La demanda [el vaso de agua o la comida] siempre se refiere a otra cosa que a las necesidades que ella relcama, como dira Lacan. Siempre se refiere a una demanda de amor, una demanda de presencia o de ausencia.
Es en este punto donde lo que solemos llamar, en psicoanalisis, el Deseo, aparece. Ahora bien; que cosa es el Deseo?
Pregunta compleja si las hay, pero quiza pueda darle algunos rodeos para entender un poco de que se trata dicho termino. Debemos pensar, desde el vamos, que no nos referimos al anhelo; es decir que no tiene nada que ver con el hecho de querer algo [un objeto tangible, por ejemplo]. El Deseo, tal como lo entendemos aqui, conlleva una imposibilidad de ser dicho, impronunciable y escurridizo.
Siempre se refiere a otra cosa, siempre se evade, dejando un agujero y un borde desde el cual nos podemos posicionar.
Entonces, yendo a una famosa frase, podemos decir que los sujetos no tienen un deseo, sino que el Deseo los tiene. El sujeto nace en el campo del Otro (ese lugar desde donde el sujeto recurre a las palabras para poder hablar).
El sujeto es hablado por el Otro, como dira Heidegger, y su deseo es Deseo del Otro. Que sea hablado por el Otro quiere decir que el sujeto necesita alienarse a ciertos significantes (Palabras) para poder ser; que necesita alojarse en ese lugar para luego poder separarse; generando asi una dialectica de alienacion y separacion que hace a su dinamica subjetiva.
Todo lo relacionado con lo natural y biologico, en el sujeto, esta perdido; reprimido primordialmente (como dice Freud) y desde donde no puede ejercer influencia alguna. No hay retorno, ya que es un vacio (un Real) y solo se puede acceder a ese Real desde sus puntas y la Verdad a la que se aspira esta perdida, no puede ser Toda dicha. Pero una Verdad sin la cual nada de esto tendria sentido.

miércoles, 25 de enero de 2017

Toda tu historia

Toda tu historia. Toda la historia. Qué es historia. Podemos decir que, según Lacan, no hablamos del pasado de un sujeto; sino de ese mismo pasado pero historizado y puesto en lo más trivial que puede tener un discurso.
Esto mismo es lo que le pasa a los personajes de esta trama, y se incluye la palabra “toda” en el titulo porque justamente juega con la posibilidad del Todo.
Pero, ¿Que es todo? Aquello que no tiene fisura, aquello que no comete errores ni se equivoca, aquello que no tropieza y aquello que no permite el mal-entendido entre dos sujetos que se relacionan. Sin embargo, esa fisura de la que hablamos tiende a empujarnos y trata, constantemente, en hacer que algo del orden del deseo se entrometa en esa perfección que se cree tener, en ese ideal al que se trata de llegar.
Es el caso de este drama, si puede llamarse así, que nos convoca. Es una historia inventada, creada en el marco de un programa de televisión llamado “Black mirror” y cuenta la historia de una pareja que vive una vida plena y sin grandes problemas hasta que uno de los sujetos (el hombre) comienza a sospechar que su mujer le está siendo infiel con un amigo  de otro tiempo pasado.
Hasta acá, una historia sin demasiado sobresalto para el espectador. Pero el detalle interesante es que viven en una realidad “futura” donde se ha desarrollado un dispositivo electrónico que está implantado en el cerebro de todos los habitantes y que permite revisar la memoria y volver a recrear absolutamente todo lo que un sujeto vio, oyó y experimentó desde el día en que nació.
Esto le permite a todos los sujetos poder recurrir a esta herramienta cuando, por esas cosas de la vida, la memoria ya no retiene algún dato, algún nombre propio, alguna fecha o alguna situación en la que quiso decir algo y termino diciendo otra cosa.
Es decir, este dispositivo evitaría un fallido, un olvido y un mal-entendido.
El guión plantea una realidad imposible y esto queda claro al final de nuestra historia, cuando uno de los protagonistas descubre que realmente su mujer le había sido infiel y ya no soporta que todos esos datos y recuerdos estén, constantemente, presentes. Por lo que decide arrancar con su fuerza este dispositivo de su cabeza.
Ahora bien, podríamos preguntarnos: ¿Nuestro sujeto llega a tales extremos por no soportar la angustia que se había desencadenado? Podemos aseverar que sí, pero lo interesante es que la angustia es, no solamente, por el hecho de haber terminado su relación amorosa sino por el hecho de que es una realidad donde ya no se permite que los fallidos ocurran, no hay olvidos.
La condición del ser-hablante implica justamente esto, poder fracasar en lo que uno dice y en lo que dicho sujeto piensa que hizo o dijo en una determinada situación. Acá no hay lugar y la angustia lo avasalla.
También podemos pensar que el dispositivo termina fracasando ya que el sujeto no soporta la angustia que aparece. Angustia que, como sabemos, solo es posible si hay algún vacío; algún agujero que se genere por las huellas que deja la propia represión.
Concluye solo, angustiado y realizando un pasaje al acto que demuestra cómo es tomado o colmado por el goce: se clava un cuchillo y se arranca lo que lo está matando.



MS.

domingo, 22 de enero de 2017

Mejor o Peor...

Todo de antes. Nada jamás jamás. Jamás probar.
 Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez.
Fracasa mejor.

Samuel Beckett, Rumbo a peor (1983)



Si se piensa en un juego de lenguaje o lenguajero, como se suele escuchar, es importante tener en cuenta algunas cuestiones ligadas al recorrido que Lacan ha ido tejiendo en la última parte de su obra. Es interesante como se retoman viejos elementos ya citados por dicho autor para dar una vuelta más sobre el mismo eje.
Aquel eje que guiaba la enseñanza de Lacan en sus primeros seminarios. Siempre se trato del lenguaje, su estructura, sus fallas, sus imprevistos y la posibilidad de pensar al goce ya relacionado con dicha estructura.
Es ese agujero el que en definitiva molesta, genera malestar y hasta poder pensar un síntoma como esa “palabra amordazada” que puja para concretar algo. Algo que, sabemos, consideramos como lo no-existente.
La elección del titulo de este escrito tiene que ver con una serie de ideas que han ido cobrando relevancia en mi pensamiento. Por un lado es una referencia al seminario XlX: …o Peor, dictado por Lacan en 1971-1072; donde hace un largo recorrido en función de la existencia de la no-relación-sexual. Esto quiere decir que tenemos a un sujeto sujetado a una falla, un agujero que implica siempre un borde por donde transita su deseo.
Como dirá Lacan al comienzo del Seminario, podemos pensar que si decimos “…o peor” es porque también está la posibilidad de algo mejor. Es, como abordará mas adelante, una posibilidad y una critica a la lógica aristotélica que plantea ese pensamiento binario (todo lo que no es negro, es no-negro).
Si lo pensamos más acá en lo que nos compete, podemos pensar que existe un saber y un no-saber. Pero la pregunta que se desprende es: ¿de que saber hablamos?
¿Podríamos decir que el saber que pone en marcha toda la dinámica analítica es aquel del que no podemos decir nada?
Es interesante pensar que es ese no-decir o no-saber aquel que por un lado se engarza a un síntoma pero al mismo tiempo es el que habilita su des-articulación.
Volvemos a la imposibilidad de la posibilidad de la relación sexual, de la inexistencia de esa complementariedad entre dos sujetos, de un goce que circula en el fantasma pero que no se conecta, por lo menos no de forma directa, con el goce del partenaire.
Circulan en función de una falta, de un fracaso (como decía Beckett) pero de un fracaso que se sirve de esa repetición para seguir empujando; la posibilidad está en “hacerlo mejor”.