Kafkiano...
miércoles, 12 de noviembre de 2014
viernes, 17 de octubre de 2014
LacanPoe
El
presente escrito versa sobre una relación que podríamos establecer entre lo que
Lacan plantea en el Seminario seis sobre el deseo y un relato (siniestro) del
escritor y poeta Edgar Allan Poe llamado “el gato negro”.
Este
relato se inscribe dentro de sus textos denominados como “horrorosos” ya que
comienza siendo una confesión escrita, por el propio protagonista de los
hechos, de ciertos episodios domésticos en la vida del mismo. Hechos que lo han
llevado a prisión y a la muerte debido a esas causas.
Brevemente,
el relato cuenta la historia de un hombre que durante su historia se destacó
por la docilidad y bondad en su carácter, y cito “La ternura que abrigaba mi
corazón era tan grande que llegaba a convertirme en objeto de burla para mis
compañeros”.
Relata
que sentía un gusto y unos placeres especiales por los animales, y que sus
padres siempre lo dejaban tener varias mascotas en su casa.
Cuenta
que se casó joven y tuvo la alegría de compartir con su mujer esta adoración
por los animales. Lo que condujo a que compren pájaros, peces de colores, un
hermoso perro, conejos, un monito y un gato llamado Plutón (el que se había
convertido en su camarada y favorito).
Aquí
se presenta un quiebre en el relato, ya que el protagonista cuenta cómo con los
años venideros su temperamento y carácter se alteraron radicalmente por culpa
del “demonio”. Este demonio del que habla es su “enfermedad del alcohol” que lo
volvía cada vez mas loco.
Esto
lo llevo a infligirle violencias a su mujer y cierto rechazo para con el gato
negro.
Se
podría decir que esos deseos descritos por él como perversos se habían
mantenido a raya durante toda su vida, hasta ese punto donde la ruptura se hizo
presente y llevo a cabo las violencias físicas contra el gato(al que le terminó
sacando un ojo con un cortaplumas).
“Una
noche en que volvía a casa completamente embriagado, alce en los brazos al gato
y me mordió ligeramente la mano. Se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no
supe lo que hacía. Fue como si la raíz de
mi alma se separara de golpe de mi cuerpo.”
Luego
el protagonista hace una descripción de esa perversidad, diciendo que es uno de
los impulsos primordiales del corazón humano. Deseos que lo llevaron a el
ahorcamiento del gato en el jardín contiguo a su casa.
Cuenta,
luego, que una noche su casa fue víctima de un incendio y todas sus
pertenencias quedaron en la ruina salvo por una imagen del gato con una soga
alrededor de su cuello que el autor dice ver en su habitación junto con las
palabras “extraño” y “curioso” (el fantasma del gato lo persiguió durante
meses).
El
relato continúa, diciendo que el protagonista encuentra otro gato en uno de los
bares al que concurría habitualmente. Lo adopta como mascota pero con el correr
del tiempo sintió que ya no soportaba mas su presencia, lo odiaba.
“De
día, aquella criatura no me dejaba un instante solo; de noche, despertaba hora
a hora de los mas horrorosos sueños, para sentir el ardiente aliento de la cosa en mi rostro y su terrible peso
apoyado eternamente sobre mi corazón.”
Esta
situación produjo que todo lo bueno quedara por fuera del protagonista y terminó
por intentar matar al gato. Hecho que su mujer impidió.
Ante
este impedimento, el protagonista tomó el hacha y se la clavó a su mujer en su
rostro dándole muerte. Acto seguido, decidió esconder el cadáver en las sólidas
paredes del sótano.
El
autor describe cómo el alivio corrió por sus venas y cuenta cómo la policía no
había podido descubrir el cuerpo de su mujer tan astutamente escondido.
Para
finalizar, el protagonista cuenta cómo en la última inspección policíaca, ya
retirándose de su domicilio, él mismo los invita a inspeccionar las paredes
alegando que “tienen una gran solidez” (en un intento por decir algo con suma
naturalidad y espontaneidad).
Ante
este acto, la pared de concreto se desmorona descubriendo el cadáver de su
mujer detrás de ella y condenando al sujeto a prisión.
Lo
que puede extraerse para realizar un abordaje lacaniano del texto de Poe son
algunas cuestiones ligadas al deseo del protagonista, al acto o actos llevados
a cabo en función de las muertes, cómo el fantasma del sujeto se va modificando
a través de la historia y la cuestión de su adicción al alcohol que en
definitiva él mismo la denomina como “enfermedad demoníaca”.
Puede
decirse que desde un comienzo de la historia el protagonista se presenta como
amable y amoroso tanto con su esposa como con sus mascotas, en especial con el
gato.
Inmediatamente,
hay un giro en su percepción de la realidad, realidad fantasmàtica que lo hace
pensar que el gato lo mira con cierta intención, lo juzga, lo persigue, etc.
Esta cuestión hace que sienta para con el gato cierto rechazo.
A
la vez que rechaza aquello que mas amaba como son su gato y su esposa, el
protagonista va dando lugar a la emergencia de su deseo, su deseo verdadero,
“perverso” tal como él lo define.
Se
plantea, desde Lacan, a ese deseo como aquello que se desplaza constantemente,
esa cosa que emerge en un instante y desaparece en el siguiente. Ese deseo que
solo puede articularse en función de una cadena de significantes, y puesto en
escena solo a través del fantasma que lo soporta.
En
el caso de este relato, puede verse cómo el protagonista comienza por
verbalizar los insultos hacia su esposa y mascota, para luego pasar al acto y
terminar por darle muerte a los dos.
Podemos
decir que la captación de la realidad por parte del protagonista se va tiñendo
de un lenguaje que el percibe como persecutorio, insoportable, un Real que lo
confronta con su propia muerte si no hace nada al respecto.
Un
ejemplo de esto es esa misma realidad en con respecto al nuevo gato adoptado al
comienza a denominar como “cosa”, “bestia”, “aliento insoportable”, “posado
sobre su corazón”.
La
cuestión del fantasma es importante ya que va determinando sus actos, es la
realidad en la que todo sujeto se mueve y soporta su deseo. Es aquello que mas
le sirvió a su deseo para manifestarse tan salvajemente y realizarse.
El
protagonista se siente “desfallecido” como sujeto en el momento en que la embriaguez
(el objeto alcohol) ya no puede “tapar” ese agujero. Esto produce un quiebre en
el protagonista, una ruptura que emerge en angustia.
Podríamos
decir que el sujeto se castra en este sentido y logra la realización de ese
deseo, deseo verdadero en él.
Es,
en definitiva, el Otro el que lo habilita para esta transformación, para este
corrimiento de posición. Y es en relación a éste Otro que el sujeto repite y confirma
su deseo verdadero (esto puede verse en el encuentro con otro gato que le sirve
para confirmar su posición como sujeto).
Se
puede decir que el fantasma es en tanto que el sujeto está privado de algo de sí
mismo que ha tomado valor de significante incluso de su alienación (alienado al
alcohol por ejemplo), es en tanto que está en esta posición que un objeto
particular deviene objeto de deseo.
Por
último, cabe destacar el gran final que tiene el relato. En él, el protagonista
se encuentra en una situación bastante extraña ya que esconde a su mujer porque
tiene la intención de que la policía no descubra sus actos.
Sin
embargo, antes de que los oficiales se retiren, él mismo los invita a que
observen la “solidez de la pared”. Hecho que hace que la pared se caiga y se lo
condene por el homicidio.
Se
puede decir, entonces, que el deseo del protagonista pasa por hacerse ver y
reconocer como autor del hecho y no por el anhelo de seguir libre. Pasa por
transgredir la ley y mostrarse frente a los policías, o mejor dicho, un acto
realizado para el Otro.
Un
acto que le permite ser introducido nuevamente en una cadena significante como
sujeto, haciéndose responsable(inconscientemente) de ese deseo decidido que lo
mueve al acto(y no dudoso).
***
Puedo
citar a Lacan cuando dice que “la verdad del deseo es por sí misma una ofensa a
la autoridad de la ley”.
martes, 7 de octubre de 2014
RED
“Qué es lo que ves?
Sé específico, exacto pero sensible,
amable. ¿Comprendes? Sé un ser humano, estos cuadros merecen compasión, viven o
mueren de acuerdo a la sensibilidad del espectador. Fueron creados para
despertar tu sensibilidad. Se lo merecen…
Entonces…¿Qué ves?”
“RED”
A veces es interesante poder pensar al sujeto que nos compete desde el
psicoanálisis desde un punto de vista diferente (o no tanto) del que solemos
hacerlo en nuestro ámbito.
Los temas que atraviesan al sujeto, al amor y al deseo son tan
fundamentales como complejos como para desarrollarlos en unas pocas líneas pero
pienso que este sesgo es una forma de captar algo del orden de lo que tanto
Freud como Lacan han querido transmitir.
Ahora bien; el mundo del arte tiene diversas aristas por la cual se lo
puede abordar pero la lectura que hace Lacan de la pintura es muy interesante
para posicionarse en otro lugar; para pensar al artista y al espectador en una
bella analogía entre el analista y su analizante.
Me refiero más precisamente a la obra teatral que protagoniza Julio
Chavez junto a Gerardo Otero; interpretando a Mark Rothko (un exponente fundamental
del expresionismo abstracto) y a su fiel asistente.
La obra teatral tiene una dinámica impresionante entre estos dos
personajes. Se preguntan todo el tiempo qué es lo que se ve cuando un sujeto
observa una pintura. ¿Qué la hace una obra de arte?¿qué nos transmite?¿como se
la piensa?¿se puede saber algo del autor al observar la pintura?¿Cuál es su
posición en la existencia?¿sus valores? Más precisamente cuál es la posición
que tiene en su fantasma y por donde lo atraviesa su deseo.
Mark se pasa toda la obra presentando un miedo absoluto: el miedo al
negro; la angustia que le genera que “el negro se coma al rojo”, que la chispa
se apague, que se genere un vacío y que se caiga en la nada. En definitiva; la
angustia frente a la muerte y la de su obra.
En el seminario 11, Lacan dice: “¿Qué es la pintura? Hemos llamado
cuadro a la función en la cual el sujeto ha de localizarse como tal”. Y
continúa: “en el cuadro, el artista quiere ser sujeto, y el arte de la pintura
se distingue de todos los demás por el hecho de que, en la obra, el propósito
del artista es imponerse a nosotros como sujeto, como mirada”.
Rothko le pregunta todo el tiempo a su asistente acerca de lo que ve;
“Decime qué ves” alega nuestro protagonista, esperando que el asistente pueda
captar el ser del autor puesto ahí.
Desde el psicoanálisis sabemos, que para poder realizar este acto hay
que hacer un movimiento que implique un pasaje del ojo a la mirada; porque no
se trata del órgano que ve algo (manchas, colores, relieve, etc). Se trata de
una pérdida que hay que lograr para poder dejar el instinto y pasar a la
dimensión de la cultura, del lenguaje (única realidad para el sujeto).
Al poder realizar esta operación, el espectador es presa del deseo; es
un movimiento para, como dice Lacan, deponer la mirada y ver (o escuchar) dónde
está el deseo del autor.
***
El ojo queda del lado del señuelo, de la trampa. No da lugar a la
dimensión del deseo, de la pérdida. Por ende; Rothko (Chavez) nos dice que esos
cuadros fueron creados para despertar la sensibilidad, para despertar el deseo,
y para dejar caer ese objeto-a. Movimiento indispensable para que un sujeto se
constituya como tal.
jueves, 2 de octubre de 2014
Lo religioso...
"El
análisis es una función imposible -no sé si usted está al corriente- éste se
ocupa muy especialmente de lo que no anda bien. Por eso, se ocupa de esa cosa
que conviene llamar por su nombre: Lo Real."
J.
Lacan - “El triunfo de la religión”
Hablar de la cuestión
religiosa siempre genera una suerte de incertidumbre difícil de transitar.
Sobre todo si tenemos en cuenta aquello que, desde el psicoanálisis, intentamos
articular dado los conceptos que Lacan nos ha aportado.
Me propongo, entonces, pensar
a la religión desde la etimología de la palabra tal como se la entiende desde
el latín. ‘Religión’ se expresa como ‘Religare’, que quiere decir re-ligar;
establecer una relación, siempre causal, entre el sujeto y Dios.
Ahora bien, podemos
preguntarnos qué quiere decir Dios, o bien, qué quiere decir un sujeto, pero
estaríamos entrando en callejones que pueden dejarnos sin salida y desviándonos
del propósito de la presente reflexión acerca de este tema.
Por este motivo, lo que
vamos a decir como para comenzar a plantear el tema es que la relación que
existe entre el sujeto y Dios es una relación basada en la verdad y en el
sentido que, sobre la existencia, viene a aportar la religión.
En su entrevista acerca
de por qué la religión triunfa y perdura en el tiempo, Lacan dice que “hay una
cosa que hace que el mundo sea inmundo”. Hay una cosa sobre la cual el sujeto
no posee un control sino que es una dimensión sobre la cual el sujeto es
“victima”, una dimensión sobre la cual el sujeto padece y se establece en un
vacío en el cual queda inserto.
Con esta dimensión nos
referimos al registro de lo Real; un eje en el cual el sujeto se posiciona de
una determinada manera en su estructura. Una dimensión que implica un goce
mortífero pero que, sin embargo, al estar atravesado por la palabra se logra
realizar una articulación que le permite decir algo al respecto y posicionarlo
en una escena (fantasmática) que puede ser presentada ante el Otro (Dios).
Los psicoanalistas nos
diferenciamos tajantemente de la cuestión religiosa ya que, como lo expresa
Lacan en el escrito que mencionamos, nuestra práctica no se asemeja en nada a
la práctica confesora del sacerdote.
La respuesta ante ésta
afirmación implica que en la confesión el sujeto (sufriente) dice todo lo que
sabe al sacerdote, comenta cuáles han sido sus pecados y los problemas que le
conlleva su vida cotidiana.
La posición del
analista se encuentra en un lugar totalmente opuesto a este ya que, en la
situación analítica, el sujeto dice más de lo que sabe cuando enuncia. El
analista está en una posición que implica un corrimiento de lugar en función de
una verdad que no es la suya.
El analista trabaja en
su práctica con la verdad y el saber del paciente y no es representante de una
moral superior que lo determina en su ser, al mejor estilo panóptico.
Sin embargo, más allá
de estas diferencias que hacen a la práctica diaria, Lacan viene a decir que la
religión es aquello que logra perdurar en el tiempo y que posee un poder que se
incrementa a medida que pasan las épocas.
El motivo de esta
posición es el manejo que hace la religión sobre la verdad y el sentido. Dice
Lacan: “Son capaces de dar sentido a cualquier cosa: un sentido a la vida
humana, por ejemplo. Se formaron para eso; todo lo que es religión consiste en
dar un sentido a las cosas que antes eran las cosas naturales”.
Lacan intenta decirnos
que el motivo por el cual la religión viene a inventarse es justamente para
eso; para que no puedan darse cuenta de aquello que no anda. De aquel Real que
nos carcome y nos pone en jaque con respecto al sentido habitual que le damos a
las cosas.
Es el lenguaje, en
definitiva, el cuerpo que da cuerpo (de sentido) a ese Real. “Al principio era
el verbo”; con el verbo Dios creó el mundo y dio un sentido, un orden, una
verdad a todo aquello que estaba en estado de des-orden.
Con respecto a estas
reflexiones que aparecen en la biblia, Lacan dice que cuando el verbo se
encarna, las cosa comienzan a andar mal. Ya no se es absolutamente feliz y todo
se encuentra devastado por el verbo.
Entonces, y para
“concluir”, se puede pensar que la religión aparece para dar un sentido y
generar un tapón al vacío que genera la propia existencia del hombre. Una
verdad que viene a ser impuesta y, ante la cual, el sujeto se pone en una
posición de esclavo.
Una posición de
esclavo que le permite a un amo estar ahí, gozándolo y dándole un sostén, una palabra, un sentido y una forma (siempre imaginaria) a su
nadería.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Baruch Spinoza
Bruma de Oro, el Occidente alumbra
La ventana. El asiduo manuscrito
Aguarda, ya cargado de infinito.
Alguien construye a Dios en la penumbra.
Un hombre engendra a Dios. Es un judio
De tristes ojos y de piel cetrina;
Lo lleva el tiempo como lleva el rio
Una hoja en el agua que declina.
No importa. El hechicero insiste y labra
A Dios con geometria delicada;
Desde su enfermedad, desde su nada,
Sigue erigiendo a Dios con la palabra.
El mas prodigo amor Ie fue otorgado,
El amor que no espera ser amado.
Jorge Luis Borges
La ventana. El asiduo manuscrito
Aguarda, ya cargado de infinito.
Alguien construye a Dios en la penumbra.
Un hombre engendra a Dios. Es un judio
De tristes ojos y de piel cetrina;
Lo lleva el tiempo como lleva el rio
Una hoja en el agua que declina.
No importa. El hechicero insiste y labra
A Dios con geometria delicada;
Desde su enfermedad, desde su nada,
Sigue erigiendo a Dios con la palabra.
El mas prodigo amor Ie fue otorgado,
El amor que no espera ser amado.
Jorge Luis Borges
viernes, 12 de septiembre de 2014
Destino con sentido
Lo repetido –esto es: lo re-asumido, re-tomado,
reduplicado o bien reflexionado interiormente es una realidad tan vieja como
nueva; algo que ya existía, pero empieza a ser de nuevo por la recreación del
espíritu libre. En este sentido, la vida es una repetición cuyo comienzo
absoluto exige estar de vuelta, mediante la reflexión total de la subjetividad
posible en la afirmación actual y necesaria de sí misma, por la cual queda
transformado el universo entero.
Søren Kierkegaard, La
Repetición.
La cuestión del Destino siempre ha
generado en el ser humano un tema de sorpresa e interés debido a que éste
siempre se presenta como siendo algo del orden del azar, y dejando (en la
mayoría de los casos) la responsabilidad o rectificación subjetiva de lado para
hacer hincapié en la llamada “mala suerte” o devenir “demoníaco” según la
situación de la que se trate.
Por dicho motivo, pienso en el tema
del Destino como siendo algo que posee un sentido (siempre fantasmático) que no
escapa a la estructura propia del sujeto. He decidido tomar el texto de Freud
‘Mas allá del principio del placer’, mas precisamente el apartado número tres
de dicho texto, para realizar una aproximación a este tema tan interesante como
complejo.
En el apartado tres del texto
freudiano ‘Mas allá del principio del placer’, dicho autor nos introduce en una
realidad que se ubicaría mas allá o mas acá (depende de cómo se lo piense) de
lo que él entiende hasta ese momento como una estructura gobernada por el
llamado principio del placer.
Para introducirnos en el tema de la
repetición, Freud nos dice que “el enfermo puede no recordar todo lo que hay en
él de reprimido y se ve forzado a repetir en vez de recordarlo”. Y mas adelante
nos dice que esta escena que el sujeto produce se juega en el terreno de la
transferencia con el analista.
Luego, Freud hace referencia al tema
de las resistencias que se llevan a cabo cuando el sujeto repite y son éstas
resistencias las que el analista debe sortear para poder dar lugar a los
contenidos inconscientes. Estas resistencias parten del Yo (su porción
inconsciente) y se oponen a una parte del Yo, que Freud nomina como ‘Yo
coherente’ (uno podría pensar que el Yo coherente es todo el armado
escénico-fantasmático que el sujeto hace para dar un sentido a los elementos
inconscientes que se insertan en la repetición).
Luego, Freud nos introduce de lleno en
el gran tema que le compete. Dice que “lo que la compulsión a la repetición
hace revivenciar no puede menos que provocar displacer en el Yo. Empero, esta
clase de displacer no contradice al principio del placer, es displacer para un
sistema y, al mismo tiempo, satisfacción para el otro.
Sucede, entonces, que se presenta
(fenomenológicamente) un destino que persigue al sujeto, un “sesgo demoníaco en
su vivenciar”. Y, desde el comienzo, el psicoanálisis juzgó que ese destino
fatal era autoinducido y estaba determinado por los influjos de la temprana infancia.
Freud bautiza a toda esta complejidad
como ‘Neurosis de destino’ en la que nos menciona que existen individuos en
quienes toda relación lleva a idéntico desenlace; hombres en quienes toda
amistad termina con la traición del amigo; amantes cuya relación tierna con la
mujer recorre siempre las mismas fases y desemboca en un idéntico final.
Freud nos habla de un “eterno retorno
de lo igual” y que la compulsión de repetición se nos aparece como mas
originaria, mas elemental, mas pulsional (de muerte) que el principio de placer
que ella destrona.
Con
Lacan…
Ahora bien, es interesante tomar el
discurso que Lacan nos propone para poder dar una vuelta mas a este tema que
nos compete y, sobre todo, para dar cuenta de ciertas diferencias entre la
posición freudiana y la de él.
Para esto voy a remitirme a la clase V
del 12 de Febrero de 1964 de su Seminario sobre los cuatro conceptos
fundamentales del psicoanálisis. Clase que versa sobre el tema de la Tyche y el Automaton.
Lacan comienza diciéndonos que el análisis
debe apuntar al hueso de lo real pero se pregunta dónde lo encuentra. Entonces,
hay que pensar que lo real puede ser encontrado en ese retorno del que nos
hablaba Freud, en esa “cita siempre reiterada con un real que se escabulle”.
Con el término aristotélico de Tyche;
Lacan nos habla del encuentro con lo real pero que se ubica mas allá del
automatón. Esto quiere decir que no se trata, solamente, de un eterno retorno
de los signos ni tampoco de una reproducción de una conducta.
De lo que se trata es de un real que
se nos presenta como siendo algo del orden del azar (es esto con lo que el
analista no debe engañarse), aparece como siendo del orden de un destino del
cual el sujeto se ve encerrado y que le procura un sufrimiento que lo lleva a
ser gozado en dicho encuentro.
El sesgo por el cuál el analista puede
intervenir es el del fallido; ya que éste encuentro del que hablamos es siempre
fallido en el sentido que hay siempre algo del orden de la ruptura, de la
hiancia que produce una novedad.
En este sentido, Lacan se separa un
tanto de Freud para plantear que la repetición no es idéntica y que en la
transferencia aparece el agujero (siempre distinto) por el cuál lo simbólico
hace vacío y “algo” se deja captar.
Es preciso que entendamos que el
fantasma es la pantalla necesaria que disimula algo absolutamente primario y es
determinante en la función de la repetición.
Roberto Harari retoma este tema en su
libro ‘La repetición del fracaso’ para hacer mención de cómo la repetición se
sitúa en el centro del nudo y es atravesada en los tres registros. Nos dice que
la repetición es imaginaria en términos que ofrece “consistencia” y
“sustancia”; es simbólica porque ofrenda “agujero” y es real porque se presenta
como siendo del orden del azar y porta un goce fálico que introduce la ausencia
del Otro.
Es importante retomar lo que
Kierkegaard menciona en su libro ya que no se trata de una repetición de la
necesidad sino que siempre exige algo nuevo, es una realidad que ya existía y
que siempre lo repetido es re-asumido y re-tomado. La salvedad está en que, si
bien la vida es una repetición (de un goce), hay algo que siempre cambia y que
implica que el universo del ser sea siempre transformado.
jueves, 7 de agosto de 2014
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