lunes, 4 de septiembre de 2017

De la 'Salud' Sexual


“La salud sexual es un estado de completo bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad, no es solamente la ausencia de enfermedad, disfunción o malestar. La salud sexual requiere un enfoque positivo y respetuoso hacia la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de coerción, discriminación y violencia. Para que la salud sexual se logre y se mantenga, los derechos sexual desde todas las personas deben ser respetados, protegidos y cumplidos.”

En función de la celebración de dicho día, me detuve a pensar en los términos que componen la frase del presente escrito para intentar realizar un abordaje (no siempre sencillo) desde una óptica tanto freudiana como lacaniana.
Ahora bien, teniendo en cuenta del contexto tanto político como jurídico que ello acarrea es importante aclarar que el análisis tiene que ver con aquello que nos compete desde la clínica psicoanalítica y no tanto que ver con una crítica a las instituciones sociales establecidas como tal.
Para comenzar, es relevante poder pensar el término “salud” a la luz de lo que, en principio, podemos tentarnos como lo opuesto a la enfermedad. Está claro, y lo digo desde el vamos, que para el psicoanálisis no existe tal cosa como la Salud o la enfermedad; y mucho menos si hablamos de salud tanto sexual como mental.
El maestro vienés nos enseña desde sus primeros escritos que el trauma sexual, es decir ese hecho acontecido en algún momento de la historia de un sujeto no es tal como se lo piensa; es decir, no existe.
Este abordaje implico un cambio rotundo en lo que hasta ese momento se entendía como Lo sexual, es decir, algo más relacionado con la medicina y con el signo que aquello que nos implica desde el significante.
Introduzco el concepto de significante ya que implica siempre una cuestión ligada a lo simbólico, es decir que por el hecho de estar atravesados por el lenguaje hay algo, indefectiblemente, que se pierde. Quiero decir que para hablar, algo hay que perder.
Esa libra de carne que se pierde, ese don, ese objeto que Lacan lo llama (a) es aquello que constituye al sujeto como tal. Un sujeto que se encuentra barrado, dividido entre lo que sabe y lo que dice, ese sujeto que reprime (primordialmente) aquello que entendemos por instinto.
El instinto se encuentra perdido en el hombre a causa del lenguaje, quiero decir que todo lo que entendemos por un saber exacto sobre el objeto (tangible) como sucede con los animales no existe. Esto descubre Freud e introduce su concepto de Pulsión (Trieb).
Mas allá de que podemos discutir la famosa dualidad pulsional (vida y muerte) sabemos que para la clínica la única que tiene entidad es la pulsión de muerte. Es aquella que nos lleva a consultar por un análisis; es decir que para el sujeto hay algo que no funciona, algo que hace ruido, algo que vacila y que se repite.
Podemos preguntarnos entonces, ¿Qué entendemos por salud sexual/mental?, Si dicho concepto tiene que ver con alcanzar cierto ideal de completud y satisfacción plena sabemos que eso no es posible.
Lacan, desde sus primeros seminarios nos machaca con la idea de que no existe esa completud de la que se habla, no hay una relación-sexual; y con esto quiere decir que no existe una formula exacta que haga de dos, uno.
No hay relación de complementariedad entre un sujeto y su partenaire ya que los goces que se ponen en juego en dicha no-relación tiene más que ver con una apuesta a un suplemento  que a complementarse (el famoso mito de Aristofanes dictado en el Banquete de Platón).
Entonces, decimos, que lo sexual ya no tiene nada que ver con la reproducción y que el trauma no existe porque la sexualidad es en todo “traumática”. Hay algo que falla, una hiancia va a decir Lacan que hace que el sujeto (su verdad) emerja ahí donde creyó haber tropezado.

También es erróneo pensar que la salud sexual es algo a lo que hay que alcanzar y sostener ya que el hecho de un ser sexuado, es decir un ser hablado y fallado, ya es un punto de llegada.

lunes, 24 de abril de 2017

PANIK

'Es como si el mundo se estrechara en un solo instante'. Escuche alguna vez por ahi, una sensacion que solo puede ser descripta con la palabra muerte, y digo sensacion ya que lo que llamamos cuerpo es el gran protagonista de este fenomeno que se presenta en la clinica constantemente.
Los llamados, actualmente, ataques de panico no tienen nada de actual. Podemos rastrear este fenomeno desde tiempos muy antiguos en la historia pero fue Freud quien les dio gran participacion en su escucha y logro conceptualizarlo.
En sus 'Escritos sobre la histeria' (1893/1895), a Freud le llama la atencion el cuadro de sintomas florido que presentan sus pacientes histericas, es decir que se presentan ante la figura del analista como siendo tomados por algo que no se puede controlar y que irrumpe de forma abrupta, dejando al sujeto en cuestion abierto a la posibilidad de la muerte.
Inmediatamente podemos pensar que esos ataques tienen que ver pura y exclusivamente con lo que llamamos angustia. Angustia que, por otrta parte, podemos diferenciarla del miedo en el sentido en que el miedo aparece siempre ligado a algun tipo de objeto tangible o por lo menos pronunciable en terminos de lenguaje.
En cambio, la angustia (en este sentido) se presenta como ligada a un vacio del cual el sujeto (en principio) no puede decir nada de ello. Solo puede percibir que algo se ha modificado en la realidad y que lo siente en el cuerpo. Es decir, angustia que se traslada a diferentes sintomas que pueden, incluso, verse.
Hasta aqui lo que se suele pensar de los ataques de panico en la cultura popular, y con la 'ayuda' de los psicofarmacos el cuadro sintomatico se aplaca y disminuye en unos minutos permitiendo a dicho sujeto seguir con su rutina habitual.
Ahora bien, si este sujeto decide consultar con un analista, puede dar cuenta que todo el conjunto de sintomas que se le presentan no tienen nada que ver con el concepto medico de enfermedad o signo de algo. A la escucha, se puede pensar que es el propio sujeto el que esta implicado en sus ataques y podriamos pensar por que un cuerpo deberia atacar en ese momento en particular y con esas caracteristicas particulares.
Existen los sintomas tipicos de estos ataques pero, desde el psicoanalisis, pensamos que el sintoma encierra una porcion de goce que lo responsabiliza directamente al sujeto en cuestion. El saber sobre ese goce esta inserto ahi mismo y dicho goce se sirve de esta cuestion para repetir incansablemente.
Muy distinto es el caso de la fobia donde, si bien la angustia se encuentra presente, el sujeto realiza un viraje y la deposita en un significante al cual trata de 'evadir'.
Introduzco el termino Significante ya que de lo que se trata es siempre de la cuestion simbolica que produce estos estragos de los que hablamos.
De palabras nos hemos enfermado y de palabras nos liberamos escuche decir. Es alienacion y separacion constante a un significante que nos representa (panico, fobia, asma, alergia) pero del cual nos queremos liberar. Vaya paradoja en la que el sujeto se encuentra.
Como diria Freud, al sintoma se lo odia y se lo ama al mismo tiempo. Cuesta trabajo pensar que un sujeto puede gozar durante mucho tiempo, incluso toda la vida, con algo que lo este matando, pero lo interesante es que el sujeto pueda nombrarlo, decirlo. Es a partir de ahi donde una modificacion se produce.
El significante, como dira Lacan, es lo que representa a un sujeto para otro significante. Es decir que no hay forma de captarlo si no es a traves de esta via, y es en esta misma via donde el sujeto se pierde y se encuentra una y otra vez.

lunes, 10 de abril de 2017

Realidad y Muerte

La muerte y la realidad quiza no sean palabras que esten separadas entre si, podemos pensar que se influyen mutuamente y seria interesante poder pensar el por que de dicha relacion.
Quiza en algun momento se me ocurrio pensar que la muerte era solo el limite de la vida; y que de alguna forma todo se reduce a ello. Es la unica certeza del hombre se escucha por algunos pasillos antiguos.
Sin embargo, tambien tenemos el concepto de la realidad; y de todo lo que, sin 'saber', llamamos Realidad. Podemos pensar que la realidad es una construccion y que existe mas de un tipo de realidad [material, biologica, cuantica]. Pero para decirlo todo, la unica realidad de la que podemos anoticiar algo es la del lenguaje; es decir, la que es creada y modificada constantemente por las palabras.
Dicho esto, podriamos poner como ejemplo la funcion del sintoma. De esa cosa que hace sufrir pero que a la vez cuesta tanto dejar de hacer, decir o sentir.
Podemos pensar que el sintoma viene a cumplir una posicion fundamental en la estructura ya que se sirve de un goce y lo repite hasta el cansancio. Ahi nos encontramos con la muerte, con esa repeticion, con ese encuentro [siempre fallido, como todo encuentro] con ese Real que nos habita.
Es un goce que genera un placer en el displacer mismo y, como diria Freud, al sintoma se lo ama y odia al mismo tiempo.
Esta cuestion de cambiar no es tarea sencilla para los sujetos, hay que tener cuidado si el analisis da resultado y no vaya a ser cosa que me encuentre con lo que tanto se decia que se quiere!
Esa angustia de la que hablo es, tambien, muerte. Caemos, inmediatamente, en la formula lacaniana de la castracion, aquella que dice algo asi como 'Perder para ganar'.
Hay que morir un poco para ganar eso que deseo y, en definitiva, es esa muerte que se debe incorporar para poder dar sentido a la vida.

lunes, 3 de abril de 2017

Es Natural Hablar?

Cuando pensamos lo natural, tendemos a imaginar que implica siempre todo aquello que damos por sentado y que nos atraviesa de una forma de la cual no podemos prescindir. Es decir que se internaliza esa imagen de un sujeto que esta condicionado o determinado por cuestiones tanto geneticas como biologicas en general.
Si nos atrevemos a pensar al sujeto yendo un poco mas alla, o quiza tambien mas aca, comienza a aparecer esa pregunta que genera un corte, una division, una hiancia con el resto de los seres que conforman la realidad. Realidad que, por otra parte, solo existe en terminos del hombre; es el mismo ser quien se apropia de lo que solemos llamar realidad subjetiva aun que, dicho sea de paso, toda realidad lo es.
Esa hiancia de la que hablaba hace un momento se refiere al lenguaje, al siemple o complejo hecho de poder hablar. Genera corte y da pie a una nueva dimension sobre la cual nos referimos.
Podriamos pensar que el hecho de hablar es para el ser humano 'natural'; y lo pongo entre comillas debido a que nuestra tesis es que el hecho de hablar no tiene nada de natural.
Voy por partes. Siguiendo el pensamiento lacaniano que nos interesa, deberiamos hacer una diferenciacion entre los conceptos de necesidad/Demanda/Deseo; podemos pensar que todo lo referido a la necesidad hace referencia al nucleo biologico [tener sed, por ejemplo]; pero ahora bien, si planteamos que no hay nada de natural en el hombre, como se articcula una necesidad y se logra expresar?.
Es, justamente en ese punto, donde el pasaje entre la necesidad y se expresion en palabras, falla. Algo sucede ahi que se produce un quebrantamiento y una perdida resultante.
La demanda [el vaso de agua o la comida] siempre se refiere a otra cosa que a las necesidades que ella relcama, como dira Lacan. Siempre se refiere a una demanda de amor, una demanda de presencia o de ausencia.
Es en este punto donde lo que solemos llamar, en psicoanalisis, el Deseo, aparece. Ahora bien; que cosa es el Deseo?
Pregunta compleja si las hay, pero quiza pueda darle algunos rodeos para entender un poco de que se trata dicho termino. Debemos pensar, desde el vamos, que no nos referimos al anhelo; es decir que no tiene nada que ver con el hecho de querer algo [un objeto tangible, por ejemplo]. El Deseo, tal como lo entendemos aqui, conlleva una imposibilidad de ser dicho, impronunciable y escurridizo.
Siempre se refiere a otra cosa, siempre se evade, dejando un agujero y un borde desde el cual nos podemos posicionar.
Entonces, yendo a una famosa frase, podemos decir que los sujetos no tienen un deseo, sino que el Deseo los tiene. El sujeto nace en el campo del Otro (ese lugar desde donde el sujeto recurre a las palabras para poder hablar).
El sujeto es hablado por el Otro, como dira Heidegger, y su deseo es Deseo del Otro. Que sea hablado por el Otro quiere decir que el sujeto necesita alienarse a ciertos significantes (Palabras) para poder ser; que necesita alojarse en ese lugar para luego poder separarse; generando asi una dialectica de alienacion y separacion que hace a su dinamica subjetiva.
Todo lo relacionado con lo natural y biologico, en el sujeto, esta perdido; reprimido primordialmente (como dice Freud) y desde donde no puede ejercer influencia alguna. No hay retorno, ya que es un vacio (un Real) y solo se puede acceder a ese Real desde sus puntas y la Verdad a la que se aspira esta perdida, no puede ser Toda dicha. Pero una Verdad sin la cual nada de esto tendria sentido.

miércoles, 25 de enero de 2017

Toda tu historia

Toda tu historia. Toda la historia. Qué es historia. Podemos decir que, según Lacan, no hablamos del pasado de un sujeto; sino de ese mismo pasado pero historizado y puesto en lo más trivial que puede tener un discurso.
Esto mismo es lo que le pasa a los personajes de esta trama, y se incluye la palabra “toda” en el titulo porque justamente juega con la posibilidad del Todo.
Pero, ¿Que es todo? Aquello que no tiene fisura, aquello que no comete errores ni se equivoca, aquello que no tropieza y aquello que no permite el mal-entendido entre dos sujetos que se relacionan. Sin embargo, esa fisura de la que hablamos tiende a empujarnos y trata, constantemente, en hacer que algo del orden del deseo se entrometa en esa perfección que se cree tener, en ese ideal al que se trata de llegar.
Es el caso de este drama, si puede llamarse así, que nos convoca. Es una historia inventada, creada en el marco de un programa de televisión llamado “Black mirror” y cuenta la historia de una pareja que vive una vida plena y sin grandes problemas hasta que uno de los sujetos (el hombre) comienza a sospechar que su mujer le está siendo infiel con un amigo  de otro tiempo pasado.
Hasta acá, una historia sin demasiado sobresalto para el espectador. Pero el detalle interesante es que viven en una realidad “futura” donde se ha desarrollado un dispositivo electrónico que está implantado en el cerebro de todos los habitantes y que permite revisar la memoria y volver a recrear absolutamente todo lo que un sujeto vio, oyó y experimentó desde el día en que nació.
Esto le permite a todos los sujetos poder recurrir a esta herramienta cuando, por esas cosas de la vida, la memoria ya no retiene algún dato, algún nombre propio, alguna fecha o alguna situación en la que quiso decir algo y termino diciendo otra cosa.
Es decir, este dispositivo evitaría un fallido, un olvido y un mal-entendido.
El guión plantea una realidad imposible y esto queda claro al final de nuestra historia, cuando uno de los protagonistas descubre que realmente su mujer le había sido infiel y ya no soporta que todos esos datos y recuerdos estén, constantemente, presentes. Por lo que decide arrancar con su fuerza este dispositivo de su cabeza.
Ahora bien, podríamos preguntarnos: ¿Nuestro sujeto llega a tales extremos por no soportar la angustia que se había desencadenado? Podemos aseverar que sí, pero lo interesante es que la angustia es, no solamente, por el hecho de haber terminado su relación amorosa sino por el hecho de que es una realidad donde ya no se permite que los fallidos ocurran, no hay olvidos.
La condición del ser-hablante implica justamente esto, poder fracasar en lo que uno dice y en lo que dicho sujeto piensa que hizo o dijo en una determinada situación. Acá no hay lugar y la angustia lo avasalla.
También podemos pensar que el dispositivo termina fracasando ya que el sujeto no soporta la angustia que aparece. Angustia que, como sabemos, solo es posible si hay algún vacío; algún agujero que se genere por las huellas que deja la propia represión.
Concluye solo, angustiado y realizando un pasaje al acto que demuestra cómo es tomado o colmado por el goce: se clava un cuchillo y se arranca lo que lo está matando.



MS.

domingo, 22 de enero de 2017

Mejor o Peor...

Todo de antes. Nada jamás jamás. Jamás probar.
 Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez.
Fracasa mejor.

Samuel Beckett, Rumbo a peor (1983)



Si se piensa en un juego de lenguaje o lenguajero, como se suele escuchar, es importante tener en cuenta algunas cuestiones ligadas al recorrido que Lacan ha ido tejiendo en la última parte de su obra. Es interesante como se retoman viejos elementos ya citados por dicho autor para dar una vuelta más sobre el mismo eje.
Aquel eje que guiaba la enseñanza de Lacan en sus primeros seminarios. Siempre se trato del lenguaje, su estructura, sus fallas, sus imprevistos y la posibilidad de pensar al goce ya relacionado con dicha estructura.
Es ese agujero el que en definitiva molesta, genera malestar y hasta poder pensar un síntoma como esa “palabra amordazada” que puja para concretar algo. Algo que, sabemos, consideramos como lo no-existente.
La elección del titulo de este escrito tiene que ver con una serie de ideas que han ido cobrando relevancia en mi pensamiento. Por un lado es una referencia al seminario XlX: …o Peor, dictado por Lacan en 1971-1072; donde hace un largo recorrido en función de la existencia de la no-relación-sexual. Esto quiere decir que tenemos a un sujeto sujetado a una falla, un agujero que implica siempre un borde por donde transita su deseo.
Como dirá Lacan al comienzo del Seminario, podemos pensar que si decimos “…o peor” es porque también está la posibilidad de algo mejor. Es, como abordará mas adelante, una posibilidad y una critica a la lógica aristotélica que plantea ese pensamiento binario (todo lo que no es negro, es no-negro).
Si lo pensamos más acá en lo que nos compete, podemos pensar que existe un saber y un no-saber. Pero la pregunta que se desprende es: ¿de que saber hablamos?
¿Podríamos decir que el saber que pone en marcha toda la dinámica analítica es aquel del que no podemos decir nada?
Es interesante pensar que es ese no-decir o no-saber aquel que por un lado se engarza a un síntoma pero al mismo tiempo es el que habilita su des-articulación.
Volvemos a la imposibilidad de la posibilidad de la relación sexual, de la inexistencia de esa complementariedad entre dos sujetos, de un goce que circula en el fantasma pero que no se conecta, por lo menos no de forma directa, con el goce del partenaire.
Circulan en función de una falta, de un fracaso (como decía Beckett) pero de un fracaso que se sirve de esa repetición para seguir empujando; la posibilidad está en “hacerlo mejor”. 

jueves, 28 de abril de 2016

Qué Cosa es un Caso...

La pregunta acerca de qué (cosa) es un caso clínico me lleva directamente a pensar la práctica analítica en su conjunto; esto implica la posición en la que se ubica el analista tanto como el lugar en el que se aloja el analizante. También podemos aseverar que no todos los sujetos que se acercan a la consulta se constituyen como analizantes; es decir que nos preguntamos cuáles son los elementos que tienen que aparecer en el dispositivo analítico para que dicho sujeto se ubique bajo el significante de “analizante” y cumpla con ello una función específica: la de hablar y tratar de implicarse subjetivamente en algo que lo toque con su modalidad de goce.
Claro que éste proceso no se lleva a cabo de inmediato, sino que tienen que darse algunos factores para que esto ocurra. Uno de éstos factores es el de la transferencia; es decir ese lazo que de alguna manera causa  tanto al deseo del analista como al del analizante.
Si hablamos de transferencia debemos pensar en la forma en que Lacan la definió y, siguiendo ese lineamiento, pensar como se hace de eso un caso de presentación clínica.
Lacan habla de transferencia en función del amor; es decir, él la define como amor a un saber. Sabemos que el psicoanálisis rompe con la idea de que el saber existe y se lo puede captar e instaura una línea de pensamiento que tiene que ver con un saber que en realidad está en falta; y que toda estructura parte de un conjunto al que algo le falta; hay un resto dice Lacan, algo que se pierde y que pasa a formar parte de la mitología del sujeto.
Dijimos hace un momento “amor a un saber”; con esto podemos introducir la conceptualización lacaniana de que existe un sujeto-supuesto-saber (SsS), en el cuál se ubica la figura del analista, que ofrece una escucha.
Pero me pregunto: ¿Qué sabe el analista?. Un sujeto viene a la consulta porque algo le hace ruido, porque (como diría Lacan) algo del mundo no anda bien o porque, como suele decirse en psicoanálisis, hay algo de la vacilación del fantasma que causa en el sujeto una pregunta que lo lleva a consultar.
Piensa, en su fantasma, que la figura del analista sabe, ¿Qué sabe?: sabe sobre su goce, tiene ideas acerca de por qué sufre, tiene las respuestas.
Todo este bagaje de elementos hacen a que el sendero de la transferencia se ponga en marcha, transferencia que muchas veces comienza siendo imaginaria (no sin dejar de ser real y simbólica) y que demandan del analista ciertas certezas sobre dicha problemática.
Está claro que aquí la posición del analista entra en juego porque se le demanda un saber, un supuesto saber que (como todo engaño neurótico) no tiene.
Ahora bien, al principio nos preguntamos acerca del caso clínico, y cabe destacar que la transferencia, la demanda, el goce (de la repetición) y el fantasma hacen que se genere una situación analítica (o por lo menos en algunos casos). Sin embargo no todos los analizantes constituyen la elección para ser pensados como un caso clínico.
Tiene que existir algo del orden del deseo del analista que toque algún punto en su real, que lo implique subjetivamente para que pueda elevar dicho discurso a un nivel de ser presentado como caso; es decir, el analista trabaja con su fantasma, con su experiencia y está atravesado por un deseo.
Dicho deseo lo lleva a pensar si el discurso que éste está escuchando sirve para posicionarlo como caso clínico. Un caso tiene que tener características del orden de poder ser generalizado teóricamente y que éste también sirva para echar luz sobre conceptos que aún siguen siendo motivo de investigación.
El caso debe tener los elementos para que pueda atravesar esas barreras que están detenidas. Esto también genera un problema ya que hablar de generalización en psicoanálisis es muy controversial.
Partimos de una escucha singular, de un goce que no se repite en otro sujeto; entonces nos preguntamos cómo hacer para que de un caso se pueda universalizar dichos elementos.
El caso tiene que servir para pensar la problemática del sujeto, partiendo del discurso de uno solo.
Si pensamos al psicoanálisis desde una terapéutica de lo Real, del tratamiento de lo Real por lo simbólico cabe destacar que dicho Real es una presencia única e inerte que se encuentra alojada en el discurso del analizante.
Para constituir un caso clínico es importante que el analista pueda escuchar algo del orden de éste Real, siempre mediado por la palabra, y que esa verdad (fallida) pueda transcribirse para ser presentada.

Sucede que dicho movimiento también se encuentra mediatizado por el deseo y el fantasma del analista y sin-saberlo genera él mismo el espacio para que se ponga en marcha el motor del análisis.