Cuando Lacan toma el concepto de "Inconsciente" y decide incluirlo dentro de su enseñanza y en el marco del Seminario que dio sobre los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis no lo hace inocentemente; sabemos que nunca da puntada sin hilo.
Si bien es un término que se encuentra anudado con el de la repetición, la transferencia y la pulsión; lo hace, desde el comienzo, para diferenciarse del inconsciente tal como lo toma la psicología desde la obra de Freud.
Para pensar dicho concepto, hay que decir que el invento freudiano se pone en primer plano cuando se trata de debatir el cómo se lo entiende desde la praxis analítica; es decir, desde la escucha clínica.
Esto nos lleva, de inmediato, a plantarnos en la vereda opuesta a lo que la psicología entiende por "inconsciente" y es necesario plantear que no se trata de un sistema o lugar físico que se pueda detectar en el sujeto (no aparece en ninguna tomografía computada), como tampoco se trata de pensar que lo inconsciente tiene que ver con aquello que se encuentra en las "profundidades" del sujeto; algo así como la idea de que el analista viene a ser una especie de investigador que se ocupa de desentramar las zonas que se encuentran en la oscuridad del ser de dicho sujeto.
Como sabemos, con la enseñanza de Lacan, nada mas lejos de lo que quiso transmitir Freud desde su clínica. Hay que decir que "El" inconsciente ya deja de ser un lugar tópico del aparato psíquico y pasa a ser (desde la segunda tópica freudiana) una cualidad de un elemento.
Con Lacan podemos decir que ese elemento que mencionamos es aquello que tiene que ver con el significante. Entonces, diremos que ya no hablamos del inconsciente sino de "Lo" inconsciente, y eso inconsciente tiene que ver con aquello que, para el sujeto, le viene del futuro.
La frase futurista de Lacan genera mucha controversia porque termina con el mito que dice que lo inconsciente es aquello que se ubica por debajo de la consciencia y, desde allí, ejerce una fuerza de la cual el sujeto no está advertido ni se responsabiliza sobre tales dichos.
Lo inconsciente es un discurso (estructurado como tal), uno que viene del Otro (A) y que lo toma al sujeto, casi, por sorpresa. Pensamos, desde el mencionado Seminario 11, que se encuentra allí donde la cadena significante falla; hay una hiancia y un encuentro. Solo que dicho encuentro, como siempre, es fallido.
La famosa carta 52 que le envía Freud a su amigo Fliess ya lo anunciaba: lo inconsciente es lo psíquico real del sujeto y dichos elementos (que en esa carta tenían que ver con la memoria) se le presentan como aquello que discurre en el hablaje cotidiano.
Con la figura del Analista, la cuestión cambia, ya que ante la intervención de su presencia causa en el sujeto la posibilidad de generar un nuevo sentido a la cadena, un sentido agregado que se genera en un segundo tiempo.
Lo inconsciente no tiene que ver con el pasado del sujeto, como suele pensarse, sino con el futuro de aquello que ya ha sido dicho pero que implica un segundo elemento para poder encausar un goce fálico que en el sujeto impera.
martes, 30 de enero de 2018
martes, 26 de diciembre de 2017
Freud e hipnosis
Hace unos pocos días
alguien me pidió/consultó que hiciese un comentario sobre el método de la
hipnosis y su relación con el psicoanálisis; una cuestión que se planteó a la
luz de una crítica a la película argentina “La Cordillera”, dirigida por
Santiago Mitre y protagonizada por Ricardo Darín, entre otros.
En función de dicha
consulta comencé a pensar sobre cómo la cuestión de la hipnosis se presenta en
el film y cómo se desarrolla la historia. La pregunta fue capciosa en el sentido
en que englobaba también al método psicoanalítico freudiano.
Vayamos entonces, al
punto en cuestión. Podemos decir, para comenzar éste análisis, que le método
hipnótico se encuentra en la base de lo que comenzó siendo la invención y el
posterior desarrollo del psicoanálisis creado por Freud; es decir que, durante
mucho tiempo, se podría pensar en una posición un tanto optimista por parte del
padre del psicoanálisis y de sus colegas que trataban a las histéricas que se
presentaban con cuadros muy floridos en cuanto a su sintomatología y una puesta
en escena (patrimonio de la histeria) que el sujeto sufriente padecía.
Digo optimista ya que
el método hipnótico se pensaba y se aplicaba teniendo en cuenta la existencia
del trauma y el sujeto que se trataba era entendido como instalado en una
temporalidad lineal y un espacio definido.
Quiero decir: Si
creemos, como en aquellas épocas, en la existencia del trauma, de lo que se
trataba era de evocar el suceso o hecho traumático que había dejado una marca
en el sujeto y que, producto de ello, dicho sujeto armaba un síntoma (como por
ejemplo una dolencia física) que lo hacía sufrir.
Presentado así, una vez
obnubilada la conciencia mediante la hipnosis, dejaba el camino libre para que
el sujeto “recuerde” dicho momento en un tiempo y espacio y pueda así, al
hablar-lo, librarse de él. Problema resuelto.
Pienso que, y siguiendo
las investigaciones freudianas, se comienza a pensar en que dicho método tiene
sus falencias, y digo falencias en el sentido en que Freud se empieza a
preguntar sobre qué quiere decir la Realidad.
Empiezan a escucharse
discursos (histéricos) en los cuales el síntoma viene allí a cumplir una
función, función que a dicho sujeto le sirve para algo, y si pensamos en una
cara utilitarista del síntoma tenemos que pensar en su usufructo, es decir un
goce que se comienza a en-causar.
Entonces, se pregunta
acerca de esta obviedad sobre la existencia del trauma, el hecho de que las
escenas traumáticas hayan ocurrido realmente comienza a ponerse en duda para
él. Aquí, entonces, comienzan sus problemas.
Cuando hablamos de
realidad o de hechos traumáticos no hay que olvidar su tinte sexual, es decir
que por aquella época existía una teoría sobre la sexualidad humana que
comenzaba a discrepar mucho con lo que Freud se arrima a teorizar, sobre todo
con respecto a las teorías sexuales infantiles ya que plantear dichas ideas
generó su ruptura con la comunidad médica a la que pertenecía e incluso con la
mayoría de sus colegas.
Entonces, la invención
del psicoanálisis se presenta ya como algo que hace corte tanto con la
neurología como con el método hipnótico/catártico. No hubo un trauma en el
desarrollo de la sexualidad de un determinado sujeto sino que la sexualidad en sí
misma es “traumática”, en el sentido de que se encuentra fallida, agrietada y
causada (diremos con Lacan) por el significante, puesta en acto por un discurso
que se articula y donde el sujeto se engancha y se aliena.
El trauma no existe y
la realidad es psíquica, es decir, fantasmática. Es interesante como, en el
film que al principio mencioné, la hija del protagonista tiene un episodio en
el cual se realiza un pasaje al acto y se arroja por la ventana del hotel.
Cuando se lo llama al hipnotizador para que la cure, se encuentra inserto en un
sin-sentido ya que todos los recuerdos que relata son anteriores a su
nacimiento, es decir que ella nunca pudo haber estado presenta en lo que decía que
vivió.
Menudo problema se
presenta entonces para el nuevo camino trazado por Freud. El método de la
sugestión por parte del médico se abandona y se abre paso a las preguntas sobre
cómo se ha ido construyendo dicha realidad en los discursos que se escuchan; es
decir, si ya no situamos en la enseñanza de Lacan, que la realidad es
discursiva y la palabra tiene función creadora.
El síntoma se crea,
discursivamente, en el dispositivo analítico y con la figura del analista,
punto importante a tener en cuenta ya que la transferencia es el motor del
análisis, sin ella no puede producirse nada del orden de la pregunta histérica.
Ya no se trata de eliminar síntomas al mejor estilo Charcot sino en poder
escuchar cuál es la posición de dicho sujeto en ese discurso que lo causa, que
lo ama y lo odia al mismo tiempo.
sábado, 9 de diciembre de 2017
Vicisitudes del diagnóstico
Cuando
pensamos en las cuestiones relativas al concepto de “diagnóstico” siempre se
nos presenta en la clínica analítica como un problema a sortear; y digo
“clínica analítica” para comenzar marcando una hiancia, un corte con lo que a
la medicina nos convoca en algunos casos.
Digo,
por otro lado, que se presenta como un problema porque el sujeto que se va
posicionando en un discurso tiende a presentarse ante el otro de alguna forma.
En términos lacanianos podemos decir que, vía fantasma, el analizante se
presenta ante el Otro (en este caso el analista) como portando una mascarada,
un semblante que lo causa pero que también lo acusa, en el sentido que lo
aqueja.
Para
ser claro desde el inicio, es importante mencionar que tanto los conceptos de
enfermedad-diagnóstico-cura se han extrapolado de un ámbito medico a la
psicología, a lo largo del tiempo.
Si
nos detenemos unos instantes a pensar por aquella “necesidad” de realizar ese
pasaje, quizá podamos decir que la psicología a realizado un viraje para poder
incluir en sus manuales diagnósticos a toda una larga serie de trastornos (que
llama “mentales”) y así poder tratarlos. Para decirlo de otro modo; el método
es realizar un trabajo diagnóstico (lo que el paciente “tiene”) y así poder
abordarlo para arribar a una “cura”.
Ahora
bien, podemos decir que, visto desde otra perspectiva, toda esa batería de test
que se administran para arribar a un significante que lo defina al sujeto, le
sirve más al psicólogo que al paciente. Es decir, para que el terapeuta se
defienda. ¿Defensa contra qué? Siguiendo a Freud podemos decir que la defensa
siempre es contra la angustia, contra ese vacío que se genera frente a la
pregunta por el Qué soy o, en este caso, ¿Qué es ese?
Ya
podríamos comenzar a plantear la cuestión que atañe al psicoanálisis, ya que
nos compete un método que nada tiene que ver con lo que hemos mencionado hasta
aquí; se produce un corte tajante en las cuestiones ligadas al diagnóstico ya
que podríamos pensar que éste no existe.
Aquí
voy a hacer una salvedad, cuando un sujeto se presenta en su análisis, habla,
dice cosas, piensa, siente, hay algo que vacila en su fantasma y que por eso
acude (aun que a veces no lo sepa) a un analista.
Digo
esto porque, siguiendo la enseñanza de Lacan, todos los sujetos se encuentran
en una posición que circula entre la separación y la alienación; pero la
diferencia está, en que ésta separación-alienación se hace siempre a un
significante; es decir que ya podemos pensar que, como decíamos al inicio, la
clínica se presenta como un problema porque el sujeto viene con “problemas de
lenguaje”, es decir, eso que hasta ese momento lo define, comienza a hacer
ruido, síntoma podríamos decir también.
Aquel
“Eso” del que dicho sujeto se sirve y genera una posición de goce (siempre
mortífero) es también aquello que lo trae a un análisis, siempre vía angustia.
Algo del orden se su deseo comienza a empujar de una forma que hasta ese
entonces no sugería tanto inconveniente.
Los
inconvenientes que se tienen, son inconvenientes del lenguaje, de un lenguaje
que el sujeto no tiene, justamente, porque es el Lenguaje quien tiene a ese
sujeto, sujetado, alienado, inserto en una cadena de significantes que producen
un discurso y que deja discurrir, justamente, una posición de goce frente al
Otro.
Entonces,
el sujeto no tiene un trastorno x (asma por ejemplo), sino que el Asma lo tiene
a él, y “asma” es un significante que lo causa, donde habrá que ver qué quiere
decir eso para ese sujeto en ese dispositivo y con la figura del analista.
Vemos como la cuestión de diagnosticar nos lleva a una imposibilidad lógica que
no podemos sortear tan fácilmente.
De
alguna forma, es un método que le conviene mucho al terapeuta para “saber” por dónde
ir, donde justamente es todo lo contrario; decimos que ese saber siempre está
en falta y que la posición del analista debe fijarse en la de la ignorancia.
Ese
saber, que la psicología cree que tiene, no existe, hay un vacío de sentido con
el que el analista deberá trabajar, o para decirlo de otra forma, con el que el
paciente deberá lidiar y angustiarse, transferencia mediante, para poder
arribar a una pregunta que lo cause.
domingo, 12 de noviembre de 2017
Falopa-Familia-Infancia (o una mirada paranoica)
Son tres significantes que, encadenados, le otorgan un sentido a esa
existencia sufriente que aparece justo allí donde se pierde en los surcos del
lenguaje.
Para dar cuenta que la adicción no tiene nada que ver con el objeto
tangible que se “consume” sino en el juego de significantes que ese sujeto
representa, como una tentativa de respuesta a la pregunta sobre qué quiere el
Otro, ya que ese Otro, como sabemos, está fallando constantemente.
Un analizante se sienta en su silla y habla. Dice que “la mirada del
otro (en este caso imaginario) le pesa”. Se revela entonces un ideal que dista,
en principio, mucho de aquello de lo cual el sujeto obtiene su placer, placer
que, por otro lado, lo hace sufrir.
Tenemos entonces una gran paradoja ya que la pregunta que surge es: ¿Cómo
puede ser que aquello que hago y me gusta sea lo mismo que odio y rechazo?
Cuando se piensa en este tipo de preguntas, también se puede pensar
que dicho sujeto obtiene un usufructo de dicha queja, es decir que existe un
goce que al sujeto lo representa pero que a la vez lo mata simbólicamente (en
el mejor de los casos).
¿Qué sucede entonces con la mirada que tanto le-pesa? Dice estar
atrapado en una mirada que lo “persigue”, lo acosa pero que, angustia mediante,
lo causa.
Podríamos decir que esta mirada persecutorio es uno de los rasgos
paranoicos que a dicho sujeto “se le presenta” como fenómeno (en principio) de
una realidad que, como ya hemos dicho, es fantasmatica, es decir, construida
por dicho sujeto a través de un camino de búsqueda a esa respuesta que pretende
de ese Otro que referimos.
La cuestión paranoica fue abordada por Freud y entendida como una
defensa que sale al paso contra la homosexualidad que habita a dicho sujeto.
En este caso, siguiendo a Freud, podríamos pensar que esa defensa está
ligada a una angustia que le generaría el encuentro con el significante “HOMO”
(hombre). Y Lacan aportaría que en toda repetición lo que se juega es un
encuentro con un Real (con un Real-sujeto que tengo frente a mi).
Este significante HOMO (que no significa nada por si solo) tiene una relación
con el Hombre ya que la pregunta, en algún punto, oscila entre la infancia y la
adultez o, como suele discurrir en su análisis, entre el “crecer o retroceder”.
Ahora bien, si abordamos las cuestiones ligadas a las psicosis podemos
hacerlo de dos formas que se contraponen: Pensar que la realidad está
determinada y que el sujeto viene a ser aquello que ocupa un lugar en dicha
estructura.
O bien, que la realidad es, de alguna manera, “construida” por el
significante; significante que representa a ese sujeto y que adquiere sentido
solo para otro significante.
Entonces, caemos en la cuenta que la realidad (estructura lenguajera
para nosotros) se piensa a partir de una falla ya que para hablar, algo hay que
perder.
Esa falla-falta es diferente en cada una de las estructuras clínicas (neurosis-psicosis
y perversión), aunque también podemos pensar que hay tantas estructuras como
sujetos en el mundo.
En nuestro ejemplo hay un discurso signado por una fuerte defensa
contra ese encuentro angustiante y cargado con un gran peso imaginario (digo imaginario
en el sentido de que el objeto-a, esa falta de la que hablamos aparece como
tapa-agujeros). Aparece como una forma constante de cubrir todo es e campo de
la imagen (mirada) para que nada falle.
Dicha falla insiste en la fonética de la sigla “FA”, enfatizado y
relacionado entre sí en el discurso.
Su ideal de “la Familia” (en términos de la completud que no tuvo) se
anuda a los otros dos ya que aquello que le impide “alcanzarlo” es su propio
rechazo.
M.S.
lunes, 4 de septiembre de 2017
De la 'Salud' Sexual
“La salud sexual es un estado de completo bienestar físico, emocional,
mental y social en relación con la sexualidad, no es solamente la ausencia de
enfermedad, disfunción o malestar. La salud sexual requiere un enfoque positivo
y respetuoso hacia la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la
posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de
coerción, discriminación y violencia. Para que la salud sexual se logre y se
mantenga, los derechos sexual desde todas las personas deben ser respetados,
protegidos y cumplidos.”
En función de la celebración de
dicho día, me detuve a pensar en los términos que componen la frase del
presente escrito para intentar realizar un abordaje (no siempre sencillo) desde
una óptica tanto freudiana como lacaniana.
Ahora bien, teniendo en cuenta
del contexto tanto político como jurídico que ello acarrea es importante
aclarar que el análisis tiene que ver con aquello que nos compete desde la
clínica psicoanalítica y no tanto que ver con una crítica a las instituciones
sociales establecidas como tal.
Para comenzar, es relevante poder
pensar el término “salud” a la luz de lo que, en principio, podemos tentarnos
como lo opuesto a la enfermedad. Está claro, y lo digo desde el vamos, que para
el psicoanálisis no existe tal cosa como la Salud o la enfermedad; y mucho
menos si hablamos de salud tanto sexual como mental.
El maestro vienés nos enseña
desde sus primeros escritos que el trauma sexual, es decir ese hecho acontecido
en algún momento de la historia de un sujeto no es tal como se lo piensa; es
decir, no existe.
Este abordaje implico un cambio
rotundo en lo que hasta ese momento se entendía como Lo sexual, es decir, algo más
relacionado con la medicina y con el signo que aquello que nos implica desde el
significante.
Introduzco el concepto de
significante ya que implica siempre una cuestión ligada a lo simbólico, es
decir que por el hecho de estar atravesados por el lenguaje hay algo,
indefectiblemente, que se pierde. Quiero decir que para hablar, algo hay que
perder.
Esa libra de carne que se pierde,
ese don, ese objeto que Lacan lo llama (a) es aquello que constituye al sujeto
como tal. Un sujeto que se encuentra barrado, dividido entre lo que sabe y lo
que dice, ese sujeto que reprime (primordialmente) aquello que entendemos por
instinto.
El instinto se encuentra perdido
en el hombre a causa del lenguaje, quiero decir que todo lo que entendemos por
un saber exacto sobre el objeto (tangible) como sucede con los animales no
existe. Esto descubre Freud e introduce su concepto de Pulsión (Trieb).
Mas allá de que podemos discutir
la famosa dualidad pulsional (vida y muerte) sabemos que para la clínica la
única que tiene entidad es la pulsión de muerte. Es aquella que nos lleva a
consultar por un análisis; es decir que para el sujeto hay algo que no
funciona, algo que hace ruido, algo que vacila y que se repite.
Podemos preguntarnos entonces,
¿Qué entendemos por salud sexual/mental?, Si dicho concepto tiene que ver con
alcanzar cierto ideal de completud y satisfacción plena sabemos que eso no es
posible.
Lacan, desde sus primeros
seminarios nos machaca con la idea de que no existe esa completud de la que se
habla, no hay una relación-sexual; y con esto quiere decir que no existe una
formula exacta que haga de dos, uno.
No hay relación de
complementariedad entre un sujeto y su partenaire ya que los goces que se ponen
en juego en dicha no-relación tiene más que ver con una apuesta a un suplemento que a complementarse (el famoso mito de
Aristofanes dictado en el Banquete de Platón).
Entonces, decimos, que lo sexual
ya no tiene nada que ver con la reproducción y que el trauma no existe porque
la sexualidad es en todo “traumática”. Hay algo que falla, una hiancia va a
decir Lacan que hace que el sujeto (su verdad) emerja ahí donde creyó haber
tropezado.
También es erróneo pensar que la
salud sexual es algo a lo que hay que alcanzar y sostener ya que el hecho de un
ser sexuado, es decir un ser hablado y fallado, ya es un punto de llegada.
lunes, 24 de abril de 2017
PANIK
'Es como si el mundo se estrechara en un solo instante'. Escuche alguna vez por ahi, una sensacion que solo puede ser descripta con la palabra muerte, y digo sensacion ya que lo que llamamos cuerpo es el gran protagonista de este fenomeno que se presenta en la clinica constantemente.
Los llamados, actualmente, ataques de panico no tienen nada de actual. Podemos rastrear este fenomeno desde tiempos muy antiguos en la historia pero fue Freud quien les dio gran participacion en su escucha y logro conceptualizarlo.
En sus 'Escritos sobre la histeria' (1893/1895), a Freud le llama la atencion el cuadro de sintomas florido que presentan sus pacientes histericas, es decir que se presentan ante la figura del analista como siendo tomados por algo que no se puede controlar y que irrumpe de forma abrupta, dejando al sujeto en cuestion abierto a la posibilidad de la muerte.
Inmediatamente podemos pensar que esos ataques tienen que ver pura y exclusivamente con lo que llamamos angustia. Angustia que, por otrta parte, podemos diferenciarla del miedo en el sentido en que el miedo aparece siempre ligado a algun tipo de objeto tangible o por lo menos pronunciable en terminos de lenguaje.
En cambio, la angustia (en este sentido) se presenta como ligada a un vacio del cual el sujeto (en principio) no puede decir nada de ello. Solo puede percibir que algo se ha modificado en la realidad y que lo siente en el cuerpo. Es decir, angustia que se traslada a diferentes sintomas que pueden, incluso, verse.
Hasta aqui lo que se suele pensar de los ataques de panico en la cultura popular, y con la 'ayuda' de los psicofarmacos el cuadro sintomatico se aplaca y disminuye en unos minutos permitiendo a dicho sujeto seguir con su rutina habitual.
Ahora bien, si este sujeto decide consultar con un analista, puede dar cuenta que todo el conjunto de sintomas que se le presentan no tienen nada que ver con el concepto medico de enfermedad o signo de algo. A la escucha, se puede pensar que es el propio sujeto el que esta implicado en sus ataques y podriamos pensar por que un cuerpo deberia atacar en ese momento en particular y con esas caracteristicas particulares.
Existen los sintomas tipicos de estos ataques pero, desde el psicoanalisis, pensamos que el sintoma encierra una porcion de goce que lo responsabiliza directamente al sujeto en cuestion. El saber sobre ese goce esta inserto ahi mismo y dicho goce se sirve de esta cuestion para repetir incansablemente.
Muy distinto es el caso de la fobia donde, si bien la angustia se encuentra presente, el sujeto realiza un viraje y la deposita en un significante al cual trata de 'evadir'.
Introduzco el termino Significante ya que de lo que se trata es siempre de la cuestion simbolica que produce estos estragos de los que hablamos.
De palabras nos hemos enfermado y de palabras nos liberamos escuche decir. Es alienacion y separacion constante a un significante que nos representa (panico, fobia, asma, alergia) pero del cual nos queremos liberar. Vaya paradoja en la que el sujeto se encuentra.
Como diria Freud, al sintoma se lo odia y se lo ama al mismo tiempo. Cuesta trabajo pensar que un sujeto puede gozar durante mucho tiempo, incluso toda la vida, con algo que lo este matando, pero lo interesante es que el sujeto pueda nombrarlo, decirlo. Es a partir de ahi donde una modificacion se produce.
El significante, como dira Lacan, es lo que representa a un sujeto para otro significante. Es decir que no hay forma de captarlo si no es a traves de esta via, y es en esta misma via donde el sujeto se pierde y se encuentra una y otra vez.
lunes, 10 de abril de 2017
Realidad y Muerte
La muerte y la realidad quiza no sean palabras que esten separadas entre si, podemos pensar que se influyen mutuamente y seria interesante poder pensar el por que de dicha relacion.
Quiza en algun momento se me ocurrio pensar que la muerte era solo el limite de la vida; y que de alguna forma todo se reduce a ello. Es la unica certeza del hombre se escucha por algunos pasillos antiguos.
Sin embargo, tambien tenemos el concepto de la realidad; y de todo lo que, sin 'saber', llamamos Realidad. Podemos pensar que la realidad es una construccion y que existe mas de un tipo de realidad [material, biologica, cuantica]. Pero para decirlo todo, la unica realidad de la que podemos anoticiar algo es la del lenguaje; es decir, la que es creada y modificada constantemente por las palabras.
Dicho esto, podriamos poner como ejemplo la funcion del sintoma. De esa cosa que hace sufrir pero que a la vez cuesta tanto dejar de hacer, decir o sentir.
Podemos pensar que el sintoma viene a cumplir una posicion fundamental en la estructura ya que se sirve de un goce y lo repite hasta el cansancio. Ahi nos encontramos con la muerte, con esa repeticion, con ese encuentro [siempre fallido, como todo encuentro] con ese Real que nos habita.
Es un goce que genera un placer en el displacer mismo y, como diria Freud, al sintoma se lo ama y odia al mismo tiempo.
Esta cuestion de cambiar no es tarea sencilla para los sujetos, hay que tener cuidado si el analisis da resultado y no vaya a ser cosa que me encuentre con lo que tanto se decia que se quiere!
Esa angustia de la que hablo es, tambien, muerte. Caemos, inmediatamente, en la formula lacaniana de la castracion, aquella que dice algo asi como 'Perder para ganar'.
Hay que morir un poco para ganar eso que deseo y, en definitiva, es esa muerte que se debe incorporar para poder dar sentido a la vida.
Quiza en algun momento se me ocurrio pensar que la muerte era solo el limite de la vida; y que de alguna forma todo se reduce a ello. Es la unica certeza del hombre se escucha por algunos pasillos antiguos.
Sin embargo, tambien tenemos el concepto de la realidad; y de todo lo que, sin 'saber', llamamos Realidad. Podemos pensar que la realidad es una construccion y que existe mas de un tipo de realidad [material, biologica, cuantica]. Pero para decirlo todo, la unica realidad de la que podemos anoticiar algo es la del lenguaje; es decir, la que es creada y modificada constantemente por las palabras.
Dicho esto, podriamos poner como ejemplo la funcion del sintoma. De esa cosa que hace sufrir pero que a la vez cuesta tanto dejar de hacer, decir o sentir.
Podemos pensar que el sintoma viene a cumplir una posicion fundamental en la estructura ya que se sirve de un goce y lo repite hasta el cansancio. Ahi nos encontramos con la muerte, con esa repeticion, con ese encuentro [siempre fallido, como todo encuentro] con ese Real que nos habita.
Es un goce que genera un placer en el displacer mismo y, como diria Freud, al sintoma se lo ama y odia al mismo tiempo.
Esta cuestion de cambiar no es tarea sencilla para los sujetos, hay que tener cuidado si el analisis da resultado y no vaya a ser cosa que me encuentre con lo que tanto se decia que se quiere!
Esa angustia de la que hablo es, tambien, muerte. Caemos, inmediatamente, en la formula lacaniana de la castracion, aquella que dice algo asi como 'Perder para ganar'.
Hay que morir un poco para ganar eso que deseo y, en definitiva, es esa muerte que se debe incorporar para poder dar sentido a la vida.
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