Cuando pensamos lo natural, tendemos a imaginar que implica siempre todo aquello que damos por sentado y que nos atraviesa de una forma de la cual no podemos prescindir. Es decir que se internaliza esa imagen de un sujeto que esta condicionado o determinado por cuestiones tanto geneticas como biologicas en general.
Si nos atrevemos a pensar al sujeto yendo un poco mas alla, o quiza tambien mas aca, comienza a aparecer esa pregunta que genera un corte, una division, una hiancia con el resto de los seres que conforman la realidad. Realidad que, por otra parte, solo existe en terminos del hombre; es el mismo ser quien se apropia de lo que solemos llamar realidad subjetiva aun que, dicho sea de paso, toda realidad lo es.
Esa hiancia de la que hablaba hace un momento se refiere al lenguaje, al siemple o complejo hecho de poder hablar. Genera corte y da pie a una nueva dimension sobre la cual nos referimos.
Podriamos pensar que el hecho de hablar es para el ser humano 'natural'; y lo pongo entre comillas debido a que nuestra tesis es que el hecho de hablar no tiene nada de natural.
Voy por partes. Siguiendo el pensamiento lacaniano que nos interesa, deberiamos hacer una diferenciacion entre los conceptos de necesidad/Demanda/Deseo; podemos pensar que todo lo referido a la necesidad hace referencia al nucleo biologico [tener sed, por ejemplo]; pero ahora bien, si planteamos que no hay nada de natural en el hombre, como se articcula una necesidad y se logra expresar?.
Es, justamente en ese punto, donde el pasaje entre la necesidad y se expresion en palabras, falla. Algo sucede ahi que se produce un quebrantamiento y una perdida resultante.
La demanda [el vaso de agua o la comida] siempre se refiere a otra cosa que a las necesidades que ella relcama, como dira Lacan. Siempre se refiere a una demanda de amor, una demanda de presencia o de ausencia.
Es en este punto donde lo que solemos llamar, en psicoanalisis, el Deseo, aparece. Ahora bien; que cosa es el Deseo?
Pregunta compleja si las hay, pero quiza pueda darle algunos rodeos para entender un poco de que se trata dicho termino. Debemos pensar, desde el vamos, que no nos referimos al anhelo; es decir que no tiene nada que ver con el hecho de querer algo [un objeto tangible, por ejemplo]. El Deseo, tal como lo entendemos aqui, conlleva una imposibilidad de ser dicho, impronunciable y escurridizo.
Siempre se refiere a otra cosa, siempre se evade, dejando un agujero y un borde desde el cual nos podemos posicionar.
Entonces, yendo a una famosa frase, podemos decir que los sujetos no tienen un deseo, sino que el Deseo los tiene. El sujeto nace en el campo del Otro (ese lugar desde donde el sujeto recurre a las palabras para poder hablar).
El sujeto es hablado por el Otro, como dira Heidegger, y su deseo es Deseo del Otro. Que sea hablado por el Otro quiere decir que el sujeto necesita alienarse a ciertos significantes (Palabras) para poder ser; que necesita alojarse en ese lugar para luego poder separarse; generando asi una dialectica de alienacion y separacion que hace a su dinamica subjetiva.
Todo lo relacionado con lo natural y biologico, en el sujeto, esta perdido; reprimido primordialmente (como dice Freud) y desde donde no puede ejercer influencia alguna. No hay retorno, ya que es un vacio (un Real) y solo se puede acceder a ese Real desde sus puntas y la Verdad a la que se aspira esta perdida, no puede ser Toda dicha. Pero una Verdad sin la cual nada de esto tendria sentido.
lunes, 3 de abril de 2017
miércoles, 25 de enero de 2017
Toda tu historia
Toda tu historia. Toda la
historia. Qué es historia. Podemos decir que, según Lacan, no hablamos del
pasado de un sujeto; sino de ese mismo pasado pero historizado y puesto en lo más trivial que puede tener un discurso.
Esto mismo es lo que le pasa a
los personajes de esta trama, y se incluye la palabra “toda” en el titulo
porque justamente juega con la posibilidad del Todo.
Pero, ¿Que es todo? Aquello que
no tiene fisura, aquello que no comete errores ni se equivoca, aquello que no
tropieza y aquello que no permite el mal-entendido entre dos sujetos que se
relacionan. Sin embargo, esa fisura de la que hablamos tiende a empujarnos y
trata, constantemente, en hacer que algo del orden del deseo se entrometa en
esa perfección que se cree tener, en ese ideal al que se trata de llegar.
Es el caso de este drama, si
puede llamarse así, que nos convoca. Es una historia inventada, creada en el
marco de un programa de televisión llamado “Black mirror” y cuenta la historia
de una pareja que vive una vida plena y sin grandes problemas hasta que uno de
los sujetos (el hombre) comienza a sospechar que su mujer le está siendo infiel
con un amigo de otro tiempo pasado.
Hasta acá, una historia sin
demasiado sobresalto para el espectador. Pero el detalle interesante es que
viven en una realidad “futura” donde se ha desarrollado un dispositivo
electrónico que está implantado en el cerebro de todos los habitantes y que
permite revisar la memoria y volver a recrear absolutamente todo lo que un
sujeto vio, oyó y experimentó desde el día en que nació.
Esto le permite a todos los
sujetos poder recurrir a esta herramienta cuando, por esas cosas de la vida, la
memoria ya no retiene algún dato, algún nombre propio, alguna fecha o alguna
situación en la que quiso decir algo y termino diciendo otra cosa.
Es decir, este dispositivo
evitaría un fallido, un olvido y un mal-entendido.
El guión plantea una realidad
imposible y esto queda claro al final de nuestra historia, cuando uno de los
protagonistas descubre que realmente su mujer le había sido infiel y ya no
soporta que todos esos datos y recuerdos estén, constantemente, presentes. Por
lo que decide arrancar con su fuerza este dispositivo de su cabeza.
Ahora bien, podríamos
preguntarnos: ¿Nuestro sujeto llega a tales extremos por no soportar la
angustia que se había desencadenado? Podemos aseverar que sí, pero lo
interesante es que la angustia es, no solamente, por el hecho de haber
terminado su relación amorosa sino por el hecho de que es una realidad donde ya
no se permite que los fallidos ocurran, no hay olvidos.
La condición del ser-hablante
implica justamente esto, poder fracasar en lo que uno dice y en lo que dicho
sujeto piensa que hizo o dijo en una determinada situación. Acá no hay lugar y
la angustia lo avasalla.
También podemos pensar que el
dispositivo termina fracasando ya que el sujeto no soporta la angustia que
aparece. Angustia que, como sabemos, solo es posible si hay algún vacío; algún
agujero que se genere por las huellas que deja la propia represión.
Concluye solo, angustiado y
realizando un pasaje al acto que demuestra cómo es tomado o colmado por el
goce: se clava un cuchillo y se arranca lo que lo está matando.
domingo, 22 de enero de 2017
Mejor o Peor...
Todo de antes. Nada
jamás jamás. Jamás probar.
Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez.
Fracasa otra vez.
Fracasa mejor.
Samuel Beckett, Rumbo
a peor (1983)
Si
se piensa en un juego de lenguaje o lenguajero, como se suele escuchar, es
importante tener en cuenta algunas cuestiones ligadas al recorrido que Lacan ha
ido tejiendo en la última parte de su obra. Es interesante como se retoman
viejos elementos ya citados por dicho autor para dar una vuelta más sobre el
mismo eje.
Aquel
eje que guiaba la enseñanza de Lacan en sus primeros seminarios. Siempre se
trato del lenguaje, su estructura, sus fallas, sus imprevistos y la posibilidad
de pensar al goce ya relacionado con dicha estructura.
Es
ese agujero el que en definitiva molesta, genera malestar y hasta poder pensar
un síntoma como esa “palabra amordazada” que puja para concretar algo. Algo
que, sabemos, consideramos como lo no-existente.
La
elección del titulo de este escrito tiene que ver con una serie de ideas que
han ido cobrando relevancia en mi pensamiento. Por un lado es una referencia al
seminario XlX: …o Peor, dictado por
Lacan en 1971-1072; donde hace un largo recorrido en función de la existencia
de la no-relación-sexual. Esto quiere decir que tenemos a un sujeto sujetado a
una falla, un agujero que implica siempre un borde por donde transita su deseo.
Como
dirá Lacan al comienzo del Seminario, podemos pensar que si decimos “…o peor”
es porque también está la posibilidad de algo mejor. Es, como abordará mas
adelante, una posibilidad y una critica a la lógica aristotélica que plantea
ese pensamiento binario (todo lo que no es negro, es no-negro).
Si
lo pensamos más acá en lo que nos compete, podemos pensar que existe un saber y
un no-saber. Pero la pregunta que se desprende es: ¿de que saber hablamos?
¿Podríamos
decir que el saber que pone en marcha toda la dinámica analítica es aquel del
que no podemos decir nada?
Es
interesante pensar que es ese no-decir o no-saber aquel que por un lado se
engarza a un síntoma pero al mismo tiempo es el que habilita su
des-articulación.
Volvemos
a la imposibilidad de la posibilidad de la relación sexual, de la inexistencia
de esa complementariedad entre dos sujetos, de un goce que circula en el
fantasma pero que no se conecta, por lo menos no de forma directa, con el goce
del partenaire.
Circulan
en función de una falta, de un fracaso (como decía Beckett) pero de un fracaso
que se sirve de esa repetición para seguir empujando; la posibilidad está en
“hacerlo mejor”.
jueves, 28 de abril de 2016
Qué Cosa es un Caso...
La
pregunta acerca de qué (cosa) es un
caso clínico me lleva directamente a pensar la práctica analítica en su
conjunto; esto implica la posición en la que se ubica el analista tanto como el
lugar en el que se aloja el analizante. También podemos aseverar que no todos
los sujetos que se acercan a la consulta se constituyen como analizantes; es
decir que nos preguntamos cuáles son los elementos que tienen que aparecer en
el dispositivo analítico para que dicho sujeto se ubique bajo el significante
de “analizante” y cumpla con ello una función específica: la de hablar y tratar
de implicarse subjetivamente en algo que lo toque con su modalidad de goce.
Claro
que éste proceso no se lleva a cabo de inmediato, sino que tienen que darse algunos
factores para que esto ocurra. Uno de éstos factores es el de la transferencia;
es decir ese lazo que de alguna manera causa
tanto al deseo del analista como al del analizante.
Si
hablamos de transferencia debemos pensar en la forma en que Lacan la definió y,
siguiendo ese lineamiento, pensar como se hace de eso un caso de presentación clínica.
Lacan
habla de transferencia en función del amor; es decir, él la define como amor a
un saber. Sabemos que el psicoanálisis rompe con la idea de que el saber existe
y se lo puede captar e instaura una línea de pensamiento que tiene que ver con
un saber que en realidad está en falta; y que toda estructura parte de un
conjunto al que algo le falta; hay un resto dice Lacan, algo que se pierde y
que pasa a formar parte de la mitología del sujeto.
Dijimos
hace un momento “amor a un saber”; con esto podemos introducir la
conceptualización lacaniana de que existe un sujeto-supuesto-saber (SsS), en el
cuál se ubica la figura del analista, que ofrece una escucha.
Pero
me pregunto: ¿Qué sabe el analista?. Un sujeto viene a la consulta porque algo
le hace ruido, porque (como diría Lacan) algo del mundo no anda bien o porque,
como suele decirse en psicoanálisis, hay algo de la vacilación del fantasma que
causa en el sujeto una pregunta que lo lleva a consultar.
Piensa,
en su fantasma, que la figura del analista sabe,
¿Qué sabe?: sabe sobre su goce, tiene ideas acerca de por qué sufre, tiene las
respuestas.
Todo
este bagaje de elementos hacen a que el sendero de la transferencia se ponga en
marcha, transferencia que muchas veces comienza siendo imaginaria (no sin dejar
de ser real y simbólica) y que demandan del analista ciertas certezas sobre
dicha problemática.
Está
claro que aquí la posición del analista entra en juego porque se le demanda un
saber, un supuesto saber que (como todo engaño neurótico) no tiene.
Ahora
bien, al principio nos preguntamos acerca del caso clínico, y cabe destacar que
la transferencia, la demanda, el goce (de la repetición) y el fantasma hacen que
se genere una situación analítica (o por lo menos en algunos casos). Sin
embargo no todos los analizantes constituyen la elección para ser pensados como
un caso clínico.
Tiene
que existir algo del orden del deseo del analista que toque algún punto en su
real, que lo implique subjetivamente para que pueda elevar dicho discurso a un
nivel de ser presentado como caso; es
decir, el analista trabaja con su fantasma, con su experiencia y está
atravesado por un deseo.
Dicho
deseo lo lleva a pensar si el discurso que éste está escuchando sirve para
posicionarlo como caso clínico. Un caso tiene que tener características del
orden de poder ser generalizado teóricamente y que éste también sirva para
echar luz sobre conceptos que aún siguen siendo motivo de investigación.
El
caso debe tener los elementos para que pueda atravesar esas barreras que están
detenidas. Esto también genera un problema ya que hablar de generalización en
psicoanálisis es muy controversial.
Partimos
de una escucha singular, de un goce que no se repite en otro sujeto; entonces
nos preguntamos cómo hacer para que de un caso se pueda universalizar dichos
elementos.
El
caso tiene que servir para pensar la problemática del sujeto, partiendo del
discurso de uno solo.
Si
pensamos al psicoanálisis desde una terapéutica de lo Real, del tratamiento de
lo Real por lo simbólico cabe destacar que dicho Real es una presencia única e
inerte que se encuentra alojada en el discurso del analizante.
Para
constituir un caso clínico es importante que el analista pueda escuchar algo
del orden de éste Real, siempre mediado por la palabra, y que esa verdad
(fallida) pueda transcribirse para ser presentada.
Sucede
que dicho movimiento también se encuentra mediatizado por el deseo y el
fantasma del analista y sin-saberlo genera él mismo el espacio para que se
ponga en marcha el motor del análisis.
lunes, 21 de marzo de 2016
Un Padre y su Nada
Una experiencia. Fue una experiencia extraña, no sé cómo pero me sentí atravesado por lo que ocurría en el escenario, esa nada misma que también afectaba a los personajes.
La obra: El Padre. Un sujeto al que poco a poco le van desapareciendo las palabras, un sujeto al que le cuesta mucho seguir sujeto a un discurso "coherente". Pero, yo me preguntaba: ¿Cual discurso lo es?¿Que quiere decir ser coherente?¿correcto?¿estable?
Podía pensar que le servía para tener un lazo social, estar involucrado en su familia. Pero él ya no reconocía nada de eso, se preguntaba una y otra vez de qué se trataba su mundo, qué quería decir eso que le decían que le habían dicho.
Cómo podría pensar la realidad de éstos personajes. Porque, en definitiva, me pregunto por la realidad misma, mi realidad; ¿es mía?¿Que pasaría si estoy equivocado?¿Estoy?
Andrés (El Padre) ya no estaba ahí, o por lo menos pensé que lo que quedaba era un resto, una sombra de lo que alguna vez fue. Pero todos somos un resto, uno de otro, del Otro.
Me sentí en un sueño, uno del que no quería despertar, ¿Por que?.
Desde la cuarta fila del salón, no pude responder esa pregunta. Aun que quizá eso solo sirva como pregunta. Volví sobre mis pies; el protagonista habla de la realidad como un árbol al que, con el tiempo, se le vuelan las hojas, las palabras, el sentido.
Me pareció horroroso y quise despertar, angustiado. Pero ¿por que me angustié? Quizá fue la muerte, ¿que muerte? ¿la del protagonista o la mía?.
Él fue el paradigma de una verdad, de una certeza, de lo que ocurre con el olvido.
Ahora escucho una música y pienso en eso ¿que va a pasar cuando la banda deje de toca?¿donde queda el lenguaje?. Qué hago con esa nadería que me habita, que me toma.
Sentado, ahí en esa butaca, rodeado de extraños, imaginé una belleza. Pero, qué puede tener de lindo una muerte, un deterioro, el olvido de las cosas, de la gente, del mundo, de mi mismo. ¿Puedo olvidarme de mí?.
Y la Nada me invadió, hizo conmigo lo que quiso, me angustió y me habló desde el escenario.
En ese momento todo adquirió sentido para mi. Fue una experiencia de muerte lo que me angustió y lo que me dio esa idea de belleza infinita, esa idea de ser el sujeto que seré.
domingo, 22 de noviembre de 2015
De Nietzsche...
No puede pensarse a un Dionisio sin su Apolo; es decir que ninguna de las dos deidades mitológicas puede aparecer en el sujeto por separado. Sin embargo, de vez en cuando alguna somete a la otra en una cuestión que hace a la voluntad de poder misma.
Lo dionisiaco hace a todo aquello que implica un desmadre, algo sin forma, algo que no tiene un orden, algo que en el sujeto puede considerarse como mítico pero que, sin embargo aparece en lo mas superficial y concreto de la vida cotidiana.
Apolo, su némesis histórico, no viene a oponerse a todo eso como suele pensarse. Apolo es ese sacrificio que el ser-hablante debe realizar para caer dentro del universo del lenguaje.
El lenguaje lo toma, es cierto, y no puede hacer nada(o casi nada) contra eso; salvo realizar una elección de cómo engancharse a esa cadena discursiva que lo representa y lo pone en jaque.
Apolo es la ley, es el significante.
Y la verdad, si es que algo como eso existe, está ubicada en ese espacio que se genera desde la entrada de Apolo en el cuerpo y su fusión con Dionisio.
jueves, 12 de noviembre de 2015
wie süchtig
Hablar de adicciones es
siempre hablar de una cuestión bastante controversial, debido a que es un tema
que hoy en día está siendo abordado desde diferentes perspectivas tanto
teóricas como práctica. Sin embargo, me remito a estas breves líneas para
realizar un comentario sobre mi perspectiva psicoanalítica sobre dicho tema.
En primer lugar, pienso
que es incorrecto hablar de adicciones ya que dicha palabra, en mi opinión,
hace referencia a que existe algo por fuera del sujeto (“enfermedad” como suele
llamarse) que lo invade al mejor estilo virus médico y lo deja sin posibilidad
de reacción frente al mismo, es decir, creo que es una manera de eludir la
responsabilidad o rectificación subjetiva que dicho sujeto debe asumir (un deber
que no es el deber kantiano sino un deber que hace a su propia ética del goce).
Por ende, me parece que
es preferible hablar de Lo adictivo haciendo referencia a todo elemento
significante que venga a ocupar ese lugar para “taponar” esa falta de objeto
primitiva.
Para continuar con éste
comentario voy a hacer una referencia a la palabra “adicción” que, muchas
veces, es definida como a-dicción, es decir, que con el prefijo “a” denuncio el
“sin” o sea la adicción entendida como falta de palabra.
Otra definición de la
palabra nos implica al latín que la enuncia como “adictus”, y se menciona que
en la antigüedad el adictus era el esclavo; cuando un sujeto no tenía cómo
saldar su deuda monetaria con un acreedor, éste se ofrecía como su esclavo para
saldar esa deuda.
Todo ésta pequeña
introducción me sirve para abordar el texto freudiano que elegí sobre el tema.
Es, quizás, difícil encarar la cuestión desde un solo trabajo de Freud ya que
no existe uno solo como tal, sino que a lo largo de la obra de Freud, éste va
haciendo comentarios y conexiones entre sus elementos teóricos y la cuestión
adictiva.
Sin embargo, y para
comenzar, voy a remitirme a la carta 79 que Freud le envía a Fliess, fechada en
1897 donde dice lo siguiente: “Se me ha ocurrido que la masturbación es el
primero y único de los grandes hábitos, la “protomanía”, y que todas las demás
adicciones, como la del alcohol, la morfina y el tabaco solo aparecen en la
vida como sustitutos y reemplazantes de aquélla”.
Podemos entonces hacer
una referencia a que existe un primer acto masturbatorio que es mítico, y que
en el momento en el cuál se pierde comienzan a aparecer objetos que cumplen una
función sustitutiva de aquél y único acto de la existencia.
En éste punto hay que
hacer una aclaración; o más bien una diferenciación entre lo que se entiende
por onanismo y por masturbación. El acto onanista implica una ausencia de
representación; es decir nos habla de una pura y simple descarga por inercia.
En cambio, la
masturbación aparecería como en un segundo momento subjetivo en el cual hay un
engarce con un significante que lo represente. Dicho engarce, siempre va a
estar fallido por lo cual los objetos pasan a ser metonímicos y se desplazan
intentado satisfacer algo que está faltando ahí.
Hay que aclarar, en
éste punto, y al mejor estilo freudiano que existen puntos de fijación dentro
de los cuales la pulsión genera cierto recorrido que se diferencia con todos
los recorridos de cada sujeto adicto (aunque sea a la misma sustancia) y es ahí
donde aparecen cada uno de los significantes a los cuales dicho sujeto se
aliena y “consume”, es decir el sujeto es consumido y obnubilado por ese
objeto.
Voy a tomar ahora un
interesante texto de Héctor López llamado “las adicciones, sus fundamentos
clínicos”, donde dicho autor nos arroja cierta luz sobre lo que venimos
hablando.
El autor en cuestión
dice: “No es la adicción a las drogas la que produce, ante su falta, la
abstinencia, sino que es la abstinencia como falta estructural del objeto, la
que produce necesariamente un objeto adictivo como suplemento. Hasta el amor
obsesivo fue comparado por Freud a una intoxicación duradera”.
Hablamos, entonces, de
ciertos amores locos y de cierta embriaguez que se el sujeto siente en el
cuerpo y que no puede entender el por qué. Hablamos de una falta inaugural que
deja tras de sí un vacío, un espacio que no puede ser llenado, un lugar que
podemos definir de agujero por donde pasan todas esas cuestiones que hacen de
una cosa, un ser-hablante.
Sin embargo, en éste
punto se nos presenta un problema debido a que según ésta línea de pensamiento
todos los sujetos por ser sujetos serían adictos; y escuchamos que si bien un
sujeto puede tomar una copa de vino no necesariamente debe dejarse tomar él
mismo por ésta copa de vino.
En un texto de Freud,
muy interesante, acerca de la elección de las neurosis, éste nos habla de que
existen por ejemplo factores que al sujeto lo predisponen hacia un cierto
recorrido y puntos de fijación que lo condicionan para su vida futura.
Por otra parte, en
“duelo y melancolía”, dice que cuando la falta de objeto se torna insoportable,
deben intervenir otros mecanismos de defensa entre los cuales menciona la
intervención de los tóxicos a la manera de una solución paliativa y temporal
para el dolor.
Creo, para ir
finalizando mi comentario, haber hecho un cierto planteamiento de cuestiones
que me interesan por el simple hecho de dejarlas planteadas.
Remontarnos al origen
del origen es imposible, por lo cual hay ciertos puntos que no creo accesibles
simplemente porque se encuentran en falta. Es un saber que no está ahí; por
ende más que revelar conclusiones u otorgar respuestas, me interesa que nos
hagamos preguntas; preguntas que sirvan solo como preguntas para poner en
cuestión el tema adictivo.
Lo dionisíaco de cada
sujeto no puede existir sin lo apolíneo; es decir que nunca tendríamos noticia
de La cosa si no fuese por la ley, por aquello que ordena, aquello que canaliza
la pulsión hacia un determinado lugar y de cada goce en particular; y que dicho
sujeto pueda decir algo al respecto corriéndose (aun que sea un poco) de ese
lugar de esclavitud.Matias Spera
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