Una propuesta para pensar y debatir diversos conceptos de la obra de Lacan; y así poder articularlos con las vicisitudes que el Amor tiene en nuestra vida cotidiana...
lunes, 23 de julio de 2018
lunes, 9 de julio de 2018
Palabras en-sueños
Pienso esta charla como un sueño, esa suerte de imágenes y palabras que se reproducen sin tener sentido alguno.
No poder controlarlas estremece; y hace que nos preguntemos cuál es el sentido que el mundo adquiere para mi.
Un amo, una pérdida, un fracaso y un éxito. Acaso ¿no se fracasa en el éxito?
El único sentido se lo puede otorgar la muerte. Esa palabra que implica una finitud, sino ¿Por que hacer lo que hacemos?
La idea se me presenta en ese sueño aun que no esté dormido. No sé en qué etapa estaré ¿REM?. El médico lo mencionó una vez, pero ya no me acuerdo ni de su cara.
La paradoja es casi constante y parece que el deseo tiene una ganancia y una pérdida (siempre). Y pese a que ya le di miles de vueltas, me pregunto, entonces: Soñar ¿No cuesta nada?...
No poder controlarlas estremece; y hace que nos preguntemos cuál es el sentido que el mundo adquiere para mi.
Un amo, una pérdida, un fracaso y un éxito. Acaso ¿no se fracasa en el éxito?
El único sentido se lo puede otorgar la muerte. Esa palabra que implica una finitud, sino ¿Por que hacer lo que hacemos?
La idea se me presenta en ese sueño aun que no esté dormido. No sé en qué etapa estaré ¿REM?. El médico lo mencionó una vez, pero ya no me acuerdo ni de su cara.
La paradoja es casi constante y parece que el deseo tiene una ganancia y una pérdida (siempre). Y pese a que ya le di miles de vueltas, me pregunto, entonces: Soñar ¿No cuesta nada?...
lunes, 25 de junio de 2018
El discurrir de la Máquina infernal
Pienso en el título de éste texto que estoy pensando al mismo tiempo
que produciéndolo, aun que también creo
que el ejercicio de pensar nos lleva a
suponer que ya es una producción, de algo al menos.
Cuestionaba la estructura capitalista preguntándome de qué se trata,
sobre todo en los tiempos que corren que exigen “carreras” de todo tipo;
carreras que, sin saber pero sabiéndolo, nos conducen al único lugar posible:
la muerte, ser-para-la-muerte, parafraseando a Heidegger.
Fue una duda que surgió en función de un análisis que hice sobre el
film “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin, donde vemos a su protagonista (el
famoso “vagabundo” chapliniano) trabajando en una línea de montaje dentro de
una fábrica de artefactos.
Durante la emisión de la película, me surgieron diversos llamados de
atención que, creo, fueron los que el director quiso mostrar en su obra; tanto
así que fue criticado y tildado de comunista por haber realizado una película
que lance una crítica tan fuerte a la estructura capitalista.
Sin entrar en sumos detalles del film (ya que todo vale la pena
resaltar), el autor pone el acento en cómo el discurso capitalista engloba todo
el plano y fagocita al sujeto en cuestión. No solamente a nuestro simpático personaje
que lo explicita mediante un giro cómico sino a un discurso que se ubica como
estructura lenguajera que toma al sujeto y lo hace reventar, como dirá Lacan.
Algunas cosas que me llamaron la atención sobre dicha historia fue
como nuestro protagonista no tenia tiempo ni para rascarse la nariz, ya que el
rascado implicaba un paro en la línea de producción. Es muy importante el lugar
que dicha estructura le da al tiempo, es algo que no se puede perder por nada,
ya que de hacerlo, la maquinaria se detiene, y no hacer nada (según nuestro
tiempo) es improductivo.
Por otro lado, llamó mi atención la forma en que los diversos
personajes de la película interactúan entre sí; lo hacen siempre mediante
máquinas (desde micrófonos, cámaras y hasta una máquina para que los empleados
coman de forma sistemática sin perder el tiempo).
El interesante punto es que la película es muda, detalle que no me
pareció trivial. Los únicos diálogos que hay son por indicaciones dentro del
trabajo de producción y ensamble. Todo tiene que cuadrar y engarzar para que
funcione.
Funcionar, engarzar, producir, correr, ensamblar, efectivo, eficaz.
Todos significantes que, pensé en ese momento, utilizamos casi a diario. En ese
momento se me ocurrieron frases que suelo escuchar a diario, en el consultorio
como fuera de él: “el tratamiento debe ser efectivo, debe funcionar”, “el
tiempo es dinero”, “la familia es dis-funcional, está ensamblada”.
Podría enumerar muchas más pero me quedé con las que mas me llevaron a
cuestionar el lenguaje que nos toma y, en función de ello, nos goza; es decir,
con el que gozamos a diario.
Ahora bien, ¿qué quiere decir todo eso?: No lo sé, son frases,
significantes que, como dirá Lacan, por sí solos no significan nada. Es decir,
todo fantasma neurótico, todo fantasma que produce (otra vez esa palabra) un
goce sin el cual no podríamos vivir pero que, paradoja mediante, nos conduce a
la muerte.
¿Qué sentido tiene? Ninguno, el goce no sirve para nada, pero sin él
seria vano el universo nos dice el maestro francés. Nuestra paradoja neurótica
es que la muerta nos da el sentido de la vida, y en ese interín es donde se
juega el deseo del sujeto.
Servir. Un significante bastante curioso e interesante; viene ligado a
la misma estructura infernal. Sea lo que sea, tiene que servir para algo, aun
que la respuesta mas rápida podría ser: Para gozar.
El capitalismo es uno de los discursos propuestos por Lacan y viene
ligado a la dinámica que existe entre el Amo y el esclavo hegeliano, esa
relación en principio dual, especular. Son dos los que interactúan y lo que se
genera es una producción de Saber y una falta. Si el esclavo no supiese algo,
al menos, no serviría a dicha dinámica.
En ese intervalo nace lo que Marx denomina una “plusvalía”, que luego
Lacan tomará para pensar su plus-de-gozar. Esto quiere decir que entre el
capitalista y la paga por la fuerza de trabajo hay algo que se pierde por un
lado, pero se gana por el otro. Un sobrante que se re-incorpora a la
estructura.
En nuestra historia, hay un punto de quiebre; y es en el momento en
que nuestro protagonista se enamora; por supuesto, porque amar es dar lo que no
se tiene. Su voz, y no por nada Chaplin rompe con dicha estructura y (mientras
baila) canta por primera vez en el cine, le dona aquello que no tiene, su falta
que se suma a la relación. Que si bien dijimos que era dual, también podemos
pensar que es triangular, ya que la presencia del Otro es desde donde el
discurso aparece, se discurre algo.
Aun que la pregunta seguía siendo ¿para qué?, se me iban despejando un
poco las ideas, o complejizando. Aristóteles sostenía que el fin último era la
felicidad, el bien último, el fundamento era ese ideal de felicidad.
Quizá no estaba errado en plantearlo así, ya que el discurso
capitalista viene en un intento por obturar dicha falta y proponer un objeto
(imaginario) que se ubique ahí. Aunque no computa el hecho de que siempre la
Cosa falla y el mercado debe generarse constantemente para sostenerse (“Si
tenés tal cosa vas a ser feliz”,etc.).
Por último, me quedé pensando en el principio de la película con una
frase que resume y expone a toda la idea de la obra: “TIEMPOS MODERNOS; una
historia sobre la industria, la iniciativa individual y la cruzada humana en
búsqueda de la felicidad”.
Matías Spera
jueves, 17 de mayo de 2018
¿existe la comunicación?
Hace algún tiempo, me llegó la propuesta de realizar una intervención
acerca de una problemática que se viene suscitando en este grupo de personas
que me han consultado.
Es una problemática que tiene que ver con el tema de la comunicación;
y se plantea de esta manera porque el concepto de “comunicación” encierra un
problema complejo de sortear.
Los que me propusieron hablar sobre dicho tema, se preguntaban cómo
hacer para que las fallas o malos-entendidos entre los que se intentan
comunicar puedan reducirse a un nivel casi nulo.
Se presentaron protocolos, manuales, reuniones, actividades y hasta
puestas en escenas. Sin embargo, nada de ello funcionó de la manera en que se
pretendía.
La primera pregunta que me surgió ante dicha propuesta es si la
comunicación realmente existe; es decir, si somos capaces de comunicarnos con
el otro ser-hablante.
Si se piensa desde lo que denominan “teoría de la comunicación”,
diversos autores sostiene de que existe una axiomática desde la cual el sujeto
comunicante se puede posicionar. Una axiomática implica que hay postulados que
no hacen falta ser demostrados ya que se los considera como verdaderos.
Si nos acercamos a los axiomas de la matemática o la lógica podemos
pensar que estos axiomas se pueden poner entre paréntesis ya que hay postulados
que son inconsistentes y verdaderos al mismo tiempo.
Si llevamos esto al terreno de la comunicación vamos a decir que las
fallas, es decir, ese ruido que se genera entre lo que se dice y lo que se
escucha es algo inevitable, y que el mal-entendido es universal. No podemos
escapar a las fallas del lenguaje porque la estructura lenguajera ya de por sí
está en falta, está fallida.
Decir eso genera un grave inconveniente ya que postular al lenguaje
como una herramienta de la cual un sujeto se sirve y utiliza cuando quiere
expresar algo le genera una imposibilidad. La analogía con un sistema computado
(como se intentó en el pasado) cae por tierra ya que dicha imperfección es
justamente lo que define la condición del sujeto.
Creo que la mejor forma de aproximarse a dicho tema se puede hacer
desde la perspectiva freudo/lacaniana, que se sirve a su vez de toda la teoría
que viene legada de los lingüistas y de la semiología.
Desde la antigua Grecia que se vienen realizando preguntas y debates
acerca del lenguaje, cuáles son sus características y las teorías que
intentaban explicar por qué las cosas de la realidad tienen los nombres que
tienen.
Se ha hecho la introducción del concepto de significante; desde los
estoicos, pasando por los lingüistas y llegando a los postulados lacanianos que
lo invierten. Ya que sabemos que no existe una relación de arbitrariedad entre
el significante (la palabra) y su significado (el concepto).
El significante tiene la característica de siempre remitir a otra
cosa, es decir a otro significante; y el sentido que se desprende de dicha
cadena va significando todo lo dicho anteriormente. Podemos pensar un ejemplo
de ello:
Un hombre…
Un hombre bien…
Un hombre bien parecido…
Un hombre bien parecido a un
mono.
A medida que se va leyendo cada una de las oraciones, cambia el
sentido de lo que se dice de forma retroactiva; es decir, yo agrego palabras y
lo anterior cambia completamente.
Entonces, hay que pensar que el lenguaje es una estructura desde donde
el sujeto nace y es tomado por los significantes que le vienen del Otro, ese
lugar que significa al sujeto. Sucede que dicho lugar (que puede ser ocupado
imaginariamente por un significante: madre, padre, profesor, institución) se
encuentra fallido desde el vamos.
Esto es fundamental ya que es lo que funda la estructura clínica tal
como la conocemos: Neurosis, Psicosis y Perversión; y da la posibilidad de
responder ante la demanda de ese Otro. Siempre se responde desde lo que
llamamos “El fantasma”, que sería la única realidad para nosotros, la realidad
que nos proporciona el lenguaje.
Lacan decía que él siempre decía la verdad, ya que al no poder decirlo
Todo (por dicha falla), el mensaje siempre llega fraccionado y depende de lo
que el otro escuche desde su fantasma.
Si nos preguntamos si la comunicación existe, yo creo que no; que no
podemos comunicarnos. Eso sería poder transmitir un mensaje a otro y que llegue
con un sentido perfecto de lo que intento decir. Pienso que dicho movimiento
existe por ejemplo en los animales, donde una abeja le dice a la otra donde se
encuentra el alimento; eso es el instinto. Lo que la abeja no puede hacer es
decírselo en chiste.
Creo que no podemos comunicarnos por haber accedido al habla, y
acceder a ello es haber resignado algo, haber perdido primordialmente el
instinto para dar paso a la cultura.
domingo, 8 de abril de 2018
(Des)encuadre
Suele ser un tema bastante común hablar del famoso concepto de
“encuadre” dentro de lo que implica la clínica analítica. El término “encuadre” tiene una larga historia y se ha
intrincado como pilar fundamental dentro de lo que es la práctica y la teoría;
sobre todo en el campo de la psicoterapia como en la llamada psicología del yo.
Para realizar un breve resumen del concepto (y que no implique
tecnicismos) podemos decir que el concepto se refiere a todo lo relacionado con
las reglas que se imponen dentro del consultorio al inicio de un tratamiento;
es decir, todo aquello que (para la psicología) no puede ser franqueable. Un
ejemplo claro de ello tiene que ver con las pautas sobre el horario, los
honorarios, la consulta, la modalidad e, incluso, el lugar en donde el paciente
se va a sentar.
Se dice que todas estas pautas que se determinan al inicio son
fundamentales ya que sobre ellas se encamina la estructura que va a dar
“cuerpo” al tratamiento con el paciente.
Esto quiere decir que el analista –debe- alejarse lo menos posible de
dicho encuadre para que el tratamiento o el discurso transiten por senderos que
apunten a la solución de la problemática que dicho sujeto plantea.
También existe otra teoría, sobre el mismo concepto, que asegura que
el sostén de dicho encuadre debe aplicarse como praxis general; es decir que el
analista establece un tipo de encuadre según su estilo y recibe a sus pacientes
insertándolos dentro de este saber que lo entiende como universal; es decir, a
todos por igual. El encuadre es norma y, salvo raras excepciones, no se
quebranta.
Se dice que es un pilar dentro de la teoría ya que, como sabemos, el
sujeto que se acerca a una consulta (suponen) va a tratar de depositar en dicho
espacio todo lo que implica su neurosis. Esto puede querer decir: llegar tarde,
no pagar, tener olvidos, repetir y realizar actings con la figura del analista.
El encuadre que se establece viene a poner un cote o “ley” a dichos
actos.
Ahora bien, ¿no se trata de todo eso la práctica que nos lega Freud?
Es decir, el material de trabajo ¿no implica siempre un discurso con todos sus
accionares y vericuetos?
Pensar este concepto, desde el psicoanálisis, siempre es un problema
ya que nos plantea una serie de paradojas. La fundamental viene a estar
protagonizada por el concepto de Transferencia. Si bien es cierto que el
concepto de transferencia varía de acuerdo a la teoría desde donde nos
plantemos, la contradicción mas grande es que no podemos universalizarla en el
consultorio.
A veces hasta es un movimiento fundamental, justamente, romper con lo
que se ha pactado previamente, porque lo que hay que entender es que aquello
que está en juego es un goce que se traslada a la sesión y se causa por la
figura del analista.
A todo esto hay que hacer una aclaración: tiene sentido pensar que un
paciente va a una consulta en un horario y un lugar determinado, que los
honorarios se establecen y que hay cierta pauta que habla, por ejemplo, de la
frecuencia de las sesiones.
Pero, ha y que pensar, que el análisis se trata justamente de todo lo
contrario, siempre implica un des-encuadre, una posición incómoda para el
analizante, un cuestionamiento al discurso “coherente”, buscar el sin-sentido.
Todo ello requiere siempre de los manejos transferenciales que el analista
pueda hacer. Es hasta fundamental romper con aquello establecido dependiendo de
la modalidad de goce de cada uno.
Los honorarios pueden modificarse, los horarios también y, como
decirnos siempre, a veces hasta es importante decir algo por teléfono o en el
ascensor e incluso no representa lo mismo cuando se sube o cuando se baja.
MS.
miércoles, 28 de febrero de 2018
Sobre el Deseo en psicoanálisis
Cuando
pensamos en la cuestión del deseo tenemos que establecer grandes diferencias
con respecto a lo que cotidianamente se entiende por desear; es decir que
tenemos que hacer una oposición entre lo que, en psicoanálisis, entendemos por
deseo y lo que pensamos como el anhelo.
El anhelo lo
podemos entender como aquello que está ligado al registro de lo imaginario, es
decir que lo entendemos como aquellos objetos imaginarios de la realidad que el
sujeto quiere (el sujeto quiere cosas) poseer para satisfacer un goce pulsional
por ejemplo. Sucede que solemos confundir este tipo de movimiento con el Deseo,
tal y como lo pensamos en la clínica analítica.
Si lo
dejásemos en este punto, podemos decir que estamos haciendo psicología, es
decir, trabajando e interviniendo en un plano del discurso que solo ocupa la
parte imaginaria, el “bla bla bla” del discurso corriente.
De todas
formas, aquí nos encontramos ante una gran paradoja; ya que todo avatar fálico
de cada sujeto se desprende del discurso imaginario que comentábamos, es decir
que todo análisis implica un “hablar boludeces” que nos llevará al núcleo de su
ser (como dirá Freud).
El Deseo del
que hablamos tiene su nacimiento en la falla inaugural que funda la estructura,
es decir que el lenguaje es aquello que nos atraviesa desde un tiempo mítico y
nos condiciona en función de una pérdida, que llamamos objeto pequeño (a); es
un objeto intangible que funciona como causa de dicho Deseo.
Entonces, al
ser atravesado por el lenguaje, algo se pierde, y el recorrido del Deseo
comienza en ese momento mítico. Dicho esto hay que hacer una incorporación
fundamental: nada de ello ocurre sin la instancia del Otro, ese espacio desde
donde nuestro sujeto nace y hacia donde se dirige su demanda (de amor).
Ese Otro del
que hablamos es un lugar desde donde se produce un discurso que al sujeto lo
toma; esto quiere decir que una persona no nace en el momento de su orden
biológico, sino mucho antes, quizás en ese momento en donde es nombrado por el
Otro. Ya en ese punto ese Deseo lo toma, por eso decimos que no hay hijos que
no sean deseados, siempre hay un Deseo; la pregunta que a veces se desprende es
¿deseo de que?
Entonces,
tenemos que el Deseo es siempre escurridizo, se escapa por las grietas del
discurso en ese preciso momento en que pensamos que lo hemos conseguido,
siempre se trata de otra cosa. Un ejemplo claro de ello tiene que ver con
conseguir lo que uno quiere tan desesperadamente; sucede que el sujeto le huye
a dicho encuentro ya que eso mismo genera una angustia de la cual se defiende
pero que dicho encuentro no puede ser, en definitiva, evitado. Viene a cuenta
de la famosa frase que solemos decir en psicoanálisis: el sujeto no tiene un
Deseo, sino que el Deseo lo tiene a él.
sábado, 10 de febrero de 2018
Fragmento Perverso
Pensar la
perversión nos lleva, en muchos casos, a generar grandes confusiones a cerca de
aquello que en la práctica clínica entendemos por el concepto de “perversión”.
Dicho término ha sido abordado desde diferentes perspectivas y, sobre todo, con
una condena moral que implica al conjunto del contrato cultural que
compartimos.
El concepto “perversión”
viene del latín –Pervertere- que quiere
decir invertir o volcar. Es decir, que aquello que se entiende por perversiones
ha implicado un vuelco con respecto a lo que se encuentra cultural/socialmente
aceptado (desde las prácticas sexuales hasta los mecanismos con los que un
sujeto se maneja en su vida cotidiana).
Es decir,
que en este sentido, la perversión sería el fracaso de lo que se puede pensar
como el deseo, si es que entendiésemos al deseo como aquello que se encuentra
direccionado hacia un objeto; objeto desde el cual el perverso instrumenta para
su satisfacción.
Sucede que,
desde Freud y Lacan, la perversión como estructura clínica presente en un
dispositivo analítico comienza a tomar otras vertientes a pensar.
Cabe
destacar que la perversión, en este sentido, es entendida como un discurso que
aparece en escena en transferencia con la figura del analista. Se suele
realizar una gran confusión ya que también pensamos que la constitución
fantasmática de un sujeto tiene una esencia perversa; es decir, y aquí se
produce dicha confusión, que el fantasma de un neurótico también es perverso, y
no solamente por los actings que un sujeto pueda llevar a cabo en su odisea
siempre demandante hacia el Otro, sino también porque los rasgos perversos se
ponen a la orden del discurso cuando se trata de las relaciones amor/odio.
Tenemos,
entonces, que agregar que lo que entendemos por estructura clínica (neurosis,
psicosis y perversión) depende de la posición que el sujeto tenga frente a su
deseo y el goce que se forma como respuesta ante la inconsistencia siempre
presente del Otro. Podemos pensar que allí donde un neurótico hace un síntoma
como respuesta a un llamado del Otro; el perverso realiza un acting y toma el
goce del Otro como instrumento para apropiarse de él generando, como siempre,
angustia satisfactoria.
La trampa es
la misma, en todas las estructuras, implica no bancarse la castración del Otro
y “hacer “algo en respuesta al lugar donde se lo convoca a responder de alguna
forma.
Sucede con
la perversión que las implicancias clínicas que esto tiene no suelen caer
demasiado en gracia al analista neurótico, es decir, aquello que no se banca
éste es esa forma que el perverso encuentra para darle sentido a su ser.
Produce angustia y se defiende (o lo deriva).
Es
absolutamente mentira que los perversos no consultan ni van al analista; si
pensamos de esta forma estaríamos contradiciéndonos ya que en la perversión hay
angustia y también deseo; es decir, también es una estructura en falta.
Lo que
genera defensa y rechazo es que el mecanismo perverso implica una escena en la
cual el objetivo es generar angustia en el Otro y servirse a expensas de ello
para gozar y, lo que hace todavía más insoportable a la escucha neurótica es
que dicho sujeto esté advertido de todo esto. Quiero decir que existe un
cálculo previo para generar angustia y así poder gozar del Otro (puede ser en
este caso del analista como de cualquier otro).
Las
perversiones nos llevan a re-pensar la estructura neurótica ya que, como diría
Freud, es la otra cara de la misma moneda fantasmática.
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