martes, 7 de octubre de 2014

RED

“Qué es lo que ves?
Sé específico, exacto pero sensible, amable. ¿Comprendes? Sé un ser humano, estos cuadros merecen compasión, viven o mueren de acuerdo a la sensibilidad del espectador. Fueron creados para despertar tu sensibilidad. Se lo merecen…
Entonces…¿Qué ves?”

                                                                                                                                         
                                                                                                                      “RED”


A veces es interesante poder pensar al sujeto que nos compete desde el psicoanálisis desde un punto de vista diferente (o no tanto) del que solemos hacerlo en nuestro ámbito.
Los temas que atraviesan al sujeto, al amor y al deseo son tan fundamentales como complejos como para desarrollarlos en unas pocas líneas pero pienso que este sesgo es una forma de captar algo del orden de lo que tanto Freud como Lacan han querido transmitir.
Ahora bien; el mundo del arte tiene diversas aristas por la cual se lo puede abordar pero la lectura que hace Lacan de la pintura es muy interesante para posicionarse en otro lugar; para pensar al artista y al espectador en una bella analogía entre el analista y su analizante.
Me refiero más precisamente a la obra teatral que protagoniza Julio Chavez junto a Gerardo Otero; interpretando a Mark Rothko (un exponente fundamental del expresionismo abstracto) y a su fiel asistente.
La obra teatral tiene una dinámica impresionante entre estos dos personajes. Se preguntan todo el tiempo qué es lo que se ve cuando un sujeto observa una pintura. ¿Qué la hace una obra de arte?¿qué nos transmite?¿como se la piensa?¿se puede saber algo del autor al observar la pintura?¿Cuál es su posición en la existencia?¿sus valores? Más precisamente cuál es la posición que tiene en su fantasma y por donde lo atraviesa su deseo.
Mark se pasa toda la obra presentando un miedo absoluto: el miedo al negro; la angustia que le genera que “el negro se coma al rojo”, que la chispa se apague, que se genere un vacío y que se caiga en la nada. En definitiva; la angustia frente a la muerte y la de su obra.
En el seminario 11, Lacan dice: “¿Qué es la pintura? Hemos llamado cuadro a la función en la cual el sujeto ha de localizarse como tal”. Y continúa: “en el cuadro, el artista quiere ser sujeto, y el arte de la pintura se distingue de todos los demás por el hecho de que, en la obra, el propósito del artista es imponerse a nosotros como sujeto, como mirada”.
Rothko le pregunta todo el tiempo a su asistente acerca de lo que ve; “Decime qué ves” alega nuestro protagonista, esperando que el asistente pueda captar el ser del autor puesto ahí.
Desde el psicoanálisis sabemos, que para poder realizar este acto hay que hacer un movimiento que implique un pasaje del ojo a la mirada; porque no se trata del órgano que ve algo (manchas, colores, relieve, etc). Se trata de una pérdida que hay que lograr para poder dejar el instinto y pasar a la dimensión de la cultura, del lenguaje (única realidad para el sujeto).
Al poder realizar esta operación, el espectador es presa del deseo; es un movimiento para, como dice Lacan, deponer la mirada y ver (o escuchar) dónde está el deseo del autor.

***
El ojo queda del lado del señuelo, de la trampa. No da lugar a la dimensión del deseo, de la pérdida. Por ende; Rothko (Chavez) nos dice que esos cuadros fueron creados para despertar la sensibilidad, para despertar el deseo, y para dejar caer ese objeto-a. Movimiento indispensable para que un sujeto se constituya como tal.