lunes, 24 de junio de 2019

introducción a la angustia


“Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué, angustia, te sentí previa a cualquier organización mental, al primer juicio de negación…”
‘Rayuela’, Julio Cortázar.

Cuando encontré éstas líneas en el texto del maestro argentino pensé inmediatamente en el aforismo lacaniano sobre la angustia que tanto nos gusta repetir a los analistas, “la angustia no es sin objeto”. Más allá de la genialidad poética, nos permite ir introduciéndonos en el campo al que queremos abordar con el texto de Lacan.
Ciertamente hay que hacer algunas puntualizaciones que abren la posibilidad de pensar al concepto de la angustia como una de las claves de toda clínica analítica; es decir, de toda posición que implica una escucha causante de dicho significante.
Que la angustia no sea sin objeto quiere decir que el sujeto de nuestra lectura (podemos ir usando ésta palabra en cambio de escucha, si se quiere) está atravesado, desde el vamos, por la estructura del significante.
Estructura del significante que plantea la idea de que hay una causa de dicho sujeto y de dicha lectura.  En éstas clases del seminario que Lacan dictó sobre el concepto de la angustia, plantea que el campo del Otro, ese lugar de existencia lógica que solo podemos aprehenderlo vía el lenguaje y siempre como fallido, se encuentra allí desde el origen.
La idea radical de Lacan en dichas clases es que la angustia posee un objeto que se presenta como siendo causa. Marcando una tajante diferencia con la idea de angustia como fenómeno que aparece ante nuestros sentidos y que se dirige intencionalmente hacia un objeto tangible de la realidad. Ya no se trata de eso.
Se trata de que pensemos la angustia, término motor de nuestra práctica, como lo que se inventa en el dispositivo y vía transferencia con la posición del analista. Claro está que en esta instancia ya no hablamos de personas, individuos, emociones o parámetros de salud mental sino de discursos que se crean y circulan en la praxis que nos compete.
Lacan nos invita a pensar que si el observador (el que lee/escucha) es el creador de la realidad estamos ante la idea de que la angustia se crea vía la apuesta que cada analista haga (fantasma mediante) de la cadena discursiva presente, ya que no hay otra alternativa de que ello venga del futuro.

A continuación dejo la clase y debate al respecto..


Matías Spera